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mercredi 29 avril 2015

Jesuita cubano

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Falleció este sábado a las 6:00 de la mañana, el reconocido sacerdote jesuita José Antonio Esquivel, tras una corta pero intensa batalla contra un cáncer.

Esquivel, oriundo de Cuba, llevaba unas tres décadas trabajando en República Dominicana.

Estaba a cargo de la Parroquia Universitaria Santísima Trinidad, ubicada en La Julia del Distrito Nacional, donde creó decenas de comunidades que funcionan desde hace 20 años.

Esquivel fue Vicario Administrativo de la Arquidiócesis de Santo Domingo y profesor en el Colegio Loyola.

Le sobreviven una hermana y tres sobrinos.

Esquivel será expuesto este sábado en la Iglesia Santísima Trinidad a las 5:00 pm, misa 6:00 pm y el domingo 10:00 am, misa 3:00 pm, y salida a Manresa 4:00 pm, donde será sepultado.

Amores secretos del joven Agustín

El libro de las Confesiones de S. Agustín, hoy como ayer, se presta a ser un precioso y preciso referente para cualquier joven contemporáneo. El leer este libro donde el joven Agustín desnuda su alma con las peripecias, pasiones y sentimientos propios de esta edad, servirá a muchos jóvenes, a verse retratados en sus páginas.

A modo de ejemplo, extracto literalmente uno de los párrafos más significativos de su autobiografía, que he anticipado con el título que precede.

“Llegué a Cartago, y a mi alrededor chirriaba por doquier aquella sartén de amores depravados. (…) Amar y ser amado era para mí una dulce ocupación, sobre todo si lograba disfrutar del cuerpo de la persona amada. Lo que hacía, pues, era mancillar el manantial de la amistad con las impurezas de la pasión y empañar su tersura con las corrientes infernales de mi pasión carnal. Caí también en las redes del amor, que era mi trampa favorita. Dios mío y misericordia mía, ¡qué bueno fuiste al rociar de tanta hiel aquella suavidad¡ Porque mi amor fue correspondido y llegué a disfrutar de un enlace secreto, y contento me iba atando con sus lazos angustiosos, para luego caer bajo las varas de hierro candente de los celos, las sospechas, los temores y las riñas” (Libro III,cap.1, nº1).

He aquí un pequeño aperitivo, para que algún joven se anime a leer este libro de las Confesiones y llegar, con la gracia de Dios, a enderezar su vida como el autor del libro de las Confesiones agustinianas.

MIGUEL RIVILLA SAN MARTIN 
 

La UE permite que los países excluyan de donar sangre a los varones que se acuestan con varones

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea sostiene que el Derecho comunitario permite excluir a los homosexuales de la donación de sangre, al amparo de la Directiva 2004/33/CE.

Según la normativa, las personas cuya conducta sexual supone un alto riesgo de contraer enfermedades infecciosas graves transmisibles por la sangre quedan excluidas permanentemente de la donación de sangre.

Sin embargo, el Tribunal recuerda que "es preciso demostrar que estas personas están expuestas a un riesgo elevado de contraer enfermedades infecciosas graves, como el VIH, y que no existen técnicas eficaces de detección o métodos menos coercitivos para garantizar un alto nivel de protección de la salud de los receptores".

Es decir, los Estados deberán analizar la situación sanitaria en cada país para justificar la prohibición y no incurrir en una vulneración de Derechos Fundamentales.

El caso parte de la denuncia de un ciudadano francés, al que un médico le impidió realizar una donación por "haber mantenido relaciones sexuales con otro hombre".

La sentencia, dictada hoy, aclara que son los tribunales franceses quienes "deberán determinar si en Francia un hombre que ha tenido relaciones sexuales con otro hombre está expuesto a un elevado riesgo de contraer enfermedades infecciosas graves transmisibles por la sangre".

Según el Gobierno francés, en el periodo comprendido entre 2003 y 2008 la práctica totalidad de las contaminaciones por el VIH se ha debido a una relación sexual, y la mitad de las nuevas contaminaciones afectan a hombres que han tenido relaciones sexuales con otros hombres.

En ese mismo periodo, estos últimos constituían la población más afectada por la contaminación por el VIH, en un porcentaje 200 veces superior al de la población heterosexual francesa. Estos datos, según el Tribunal, justifican la prohibición.

El ponente del fallo, el magistrado Safjan, señala que, pese a que se concluya que en Francia los homosexuales están expuestos a un elevado riesgo, se debe estudiar si la normativa del país vulnera el principio de no discriminación por razón de la orientación sexual. "Solo se pueden introducir limitaciones al ejercicio de los derechos y libertades reconocidos por la Carta de los Derechos Fundamentales de Europa cuando éstas sean necesarias y respondan efectivamente a objetivos de interés general reconocidos por la UE o a la necesidad de proteger los derechos y libertades de los demás", indica.

El Tribunal concluye que la Ley francesa, en este asunto, "podría no respetar el principio de proporcionalidad". En ese caso, las autoridades francesas deberán verificar si existen técnicas para determinar si el donante padece la enfermedad, teniendo en cuenta que las pruebas deben realizarse siguiendo los procedimientos científicos y técnicos más recientes.

De no existir tales técnicas, Francia deberá determinar si existen o no métodos para garantizar un alto nivel de protección de la salud de los receptores y sean menos coercitivos que la exclusión permanente de la donación de sangre y, en particular, si el cuestionario y la entrevista personal a cargo de un profesional sanitario pueden permitir identificar con más precisión las conductas sexuales de riesgo.

¿Por qué se dice que la oración es como un combate? ¿Hay riesgo de que sea un monólogo?

¿Por qué se dice que la oración es como un combate? ¿Hay riesgo de que sea un monólogo?

La oración implica vencer la acedia, la desgana... y escuchar a Dios, aunque nos complique la vida

505. ¿Por qué la oración es, en ocasiones, un combate?
Los maestros espirituales de todos los tiempos han descrito el crecimiento en la fe y en el amor a Dios como un combate, en el que se lucha a vida o muerte.

El campo de batalla es el interior de la persona. El arma del cristiano es la oración. Podemos dejarnos vencer por nosotros o por nuestro egoísmo, perdernos en nimiedades o ganar como premio a Dios. [2725-­2752]

Quien quiere orar tiene que dominar primero sus bajos instintos. Lo que hoy llamamos "no tener ganas", los Padres del desierto lo conocían como "acedia".

La falta de ganas de Dios es un gran problema en la vida espiritual. Tampoco el espíritu de nuestro tiempo ve ningún sentido en la oración y la agenda llena no le deja ningún lugar.

Asimismo toca luchar contra el tentador, que se atreve a todo para impedir que el hombre se entregue a Dios. Si Dios no quisiera que lo encontráramos en la oración, no lograríamos vencer en el combate.

506. ¿No es la oración una especie de monólogo?
Precisamente lo característico de la oración es que se pasa del yo al tú, del ensimismamiento a la apertura radical.

Quien ora realmente puede experimentar que Dios habla y que frecuentemente habla de forma diferente a lo que nosotros deseamos y esperamos.

Los orantes experimentados dicen que con frecuencia se sale de la oración de forma diferente a como se ha entrado. A veces se cumplen las expectativas: uno está triste y es consolado; uno está desanimado y logra una nueva fuerza. Pero también puede suceder que uno quiera olvidar las dificultades y se encuentre en una inquietud aún mayor; que uno quiera que le dejen tranquilo y reciba una misión.

Un verdadero encuentro con Dios, como sucede continuamente en la oración, puede alterar nuestras ideas, tanto de Dios como de la oración.

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Los jóvenes no se casan por miedo; la respuesta es el testimonio de los matrimonios, dice el Papa

En su catequesis de la audiencia general, celebrada el último miércoles de abril en la Plaza de San Pedro y ante la presencia de varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Papa Francisco, en el ámbito de sus reflexiones sobre la familia, se refirió al matrimonio.

En efecto, el obispo de Roma, tras haber considerado en la catequesis anterior las narraciones del libro del Génesis acerca del designio originario de Dios sobre la pareja formada por un hombre y una mujer, se centró directamente en Jesús, quien con su presencia en las bodas de Caná nos revela de modo nuevo la bondad y dignidad del matrimonio, ofreciéndonos un mensaje más actual que nunca, puesto que las separaciones van en aumento, mientras el número de matrimonios desciende.

De ahí la invitación de Francisco a reflexionar seriamente para comprender por qué los jóvenes de hoy no quieren casarse, a pesar de que casi todos desean una seguridad afectiva estable y un matrimonio sólido.

[Sobre esto léase en ReL: ¿Hay algo peor para la familia que el divorcio? Sí, no casarse por miedo al fracaso]

El Santo Padre indicó entre los factores que causan esta situación el temor a equivocarse y fracasar que impide confiar en la gracia que Cristo ha prometido a la unión conyugal.

El Papa reafirmó que el matrimonio consagrado por Dios protege a los esposos, puesto que quienes se casan en el Señor, se transforman en un signo eficaz del amor del Creador en el mundo.

“Pidamos a la Virgen María –dijo el Papa Bergoglio al saludar a los fieles y peregrinos en lengua española– que interceda por todos los esposos, especialmente por los que pasan por dificultades”. Y añadió que Jesús nos enseña que “la obra de arte de la sociedad es la familia, el hombre y la mujer que se aman”.

Texto completo de la catequesis del Papa traducida del italiano
La familia: el matrimonio (I)
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Nuestra reflexión sobre el designio originario de Dios sobre la pareja hombre-mujer, después de haber considerado las dos narraciones del Libro del Génesis, se dirige ahora directamente a Jesús.

El evangelista Juan, al comienzo de su Evangelio, narra el episodio de las bodas de Caná, en las cuales estaban presentes la Virgen María y Jesús, con sus primeros discípulos (cfr. Jn 2, 1-11). ¡Jesús no sólo participó en aquel matrimonio, sino que “salvó la fiesta” con el milagro del vino!

Por lo tanto, el primero de sus signos prodigiosos, con el cual Él revela su gloria, los cumplió en el contexto de un matrimonio y fue un gesto de gran simpatía por aquella familia naciente, solicitado por el apremio materno de María.

Y esto nos hace recordar el libro del Génesis, cuando Dios terminó la obra de la creación y hace su obra maestra; la obra maestra es el hombre y la mujer. Y aquí precisamente Jesús comienza sus milagros, con esta obra maestra, en un matrimonio, en una fiesta de bodas: un hombre y una mujer. Así Jesús nos enseña que la obra maestra de la sociedad es la familia: ¡el hombre y la mujer que se aman! ¡Ésta es la obra maestra!

Desde los tiempos de las bodas de Caná, tantas cosas han cambiado, pero aquel “signo” de Cristo contiene un mensaje siempre válido. 

Hoy, no parece fácil hablar del matrimonio como de una fiesta que se renueva en el tiempo, en las diversas estaciones de la entera vida de los cónyuges. Es un hecho que las personas que se desposan son cada vez menos. Esto es un hecho: los jóvenes no quieren casarse. En muchos países en cambio aumenta el número de las separaciones, mientras disminuye el número de los hijos.

La dificultad para quedarse juntos – ya sea como pareja o como familia – lleva a romper los vínculos cada vez con mayor frecuencia y rapidez, y precisamente los hijos son los primeros en pagar las consecuencias.

Pero pensemos que las primeras víctimas, las víctimas más importantes, las víctimas que sufren más en una separación son los hijos. Si experimentas desde pequeño que el matrimonio es un vínculo “a tiempo determinado”, inconscientemente para ti será así.

En efecto, muchos jóvenes son llevados a renunciar al proyecto mismo de un vínculo irrevocable y de una familia duradera. Creo que debemos reflexionar con gran seriedad sobre el porqué tantos jóvenes “no se sienten” de casarse. Existe esta cultura de lo provisorio…todo es provisorio, parece que no hay algo definitivo.

Ésta de los jóvenes que no quieren casarse es una de las preocupaciones que surgen en el día de hoy: ¿por qué los jóvenes no se casan? ¿Por qué a menudo prefieren una convivencia y tantas veces “a responsabilidad limitada”?

¿Por qué muchos – también entre los bautizados – tienen poca confianza en el matrimonio y en la familia? Es importante tratar de entender si queremos que los jóvenes puedan encontrar el camino justo para recorrer. ¿Por qué no tienen confianza en la familia?

Las dificultades no son sólo de carácter económico, si bien estas son realmente serias. Muchos consideran que el cambio sucedido en estos últimos decenios haya sido puesto en marcha por la emancipación de la mujer. Pero ni siquiera este argumento es válido. ¡Pero esta es también una injuria! ¡No, no es verdad! Es una forma de machismo, que siempre quiere dominar a la mujer. Hacemos el papelón que hizo Adán, cuando Dios le dijo: “¿Pero por qué has comido la fruta?” Y él: “Ella me la dio”. Es culpa de la mujer. ¡Pobre mujer! ¡Debemos defender a las mujeres, eh!

En realidad, casi todos los hombres y las mujeres querrían una seguridad afectiva estable, un matrimonio sólido y una familia feliz. La familia está en la cima de todos los índices de agrado entre los jóvenes; pero, por miedo de equivocarse, muchos no quieren ni siquiera pensar en ella. 

Aunque son cristianos, no piensan en el matrimonio sacramental, signo único e irrepetible de la alianza, que se transforma en testimonio de la fe. Quizás, precisamente este miedo de fracasar es el más grande obstáculo para acoger la palabra de Cristo, que promete su gracia a la unión conyugal y a la familia.

El testimonio más persuasivo de la bendición del matrimonio cristiano es la vida buena de los esposos cristianos y de la familia. ¡No hay modo mejor para decir la belleza del sacramento! El matrimonio consagrado por Dios custodia aquel vínculo entre el hombre y la mujer que Dios ha bendecido desde la creación del mundo; y es fuente de paz y de bien para la entera vida conyugal y familiar.

Por ejemplo, en los primeros tiempos del Cristianismo, esta grande dignidad del vínculo entre el hombre y la mujer venció un abuso considerado entonces completamente normal, es decir, el derecho de los maridos de repudiar a las esposas, también con los motivos más falsos y humillantes. El Evangelio de la familia, el Evangelio que anuncia precisamente este sacramento ha vencido esta cultura de repudio habitual.

El germen cristiano de la radical igualdad entre los cónyuges hoy debe traer nuevos frutos. El testimonio de la dignidad social del matrimonio se hará persuasivo precisamente por este camino, el camino del testimonio que atrae, el camino de la reciprocidad entre ellos, de la complementariedad entre ellos.

Por esto, como cristianos, debemos hacernos más exigentes a este respecto. Por ejemplo: sostener con decisión el derecho a la igual retribución por igual trabajo ¿por qué se da por cierto que las mujeres deben ganar menos que los hombres? ¡No! ¡El mismo derecho! ¡La disparidad es un puro escándalo!

Al mismo tiempo, reconocer como riqueza siempre válida la maternidad de las mujeres y la paternidad de los hombres, a beneficio sobre todo de los niños. Igualmente, la virtud de la hospitalidad de las familias cristianas reviste hoy una importancia crucial, especialmente en las situaciones de pobreza, de degrado, de violencia familiar.

Queridos hermanos y hermanas, ¡no tengamos miedo de invitar a Jesús a la fiesta de bodas! Y no tengamos miedo de invitar a Jesús a nuestra casa, para que esté con nosotros y custodie la familia. ¡Y también a su madre, María! Los cristianos, cuando se desposan “en el Señor” son transformados en un signo eficaz del amor de Dios. Los cristianos no se desposan sólo por sí mismos: se desposan en el Señor en favor de toda la comunidad, de la entera sociedad.

De esta bella vocación del matrimonio cristiano, hablaré en la próxima catequesis. Gracias.

(Traducción del italiano por Maria Cecilia Mutual de Radio Vaticano)