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samedi 22 novembre 2014

Rajoy, de héroe a villano

Para uno que no sea español, es posible que le resulte difícil entender todo lo que se juega en la manifestación por la defensa de la vida que se celebrará este sábado en Madrid.

Empecemos por hablar del contexto. Durante años, desde la desaparición del Centro Democrático de Suárez, el Partido Popular -al principio llamado Alianza Popular- cosechó los votos de la mayoría de los católicos practicantes. El resto -con todo, una importante minoría- se dividieron entre nacionalistas vascos y catalanes, socialistas e incluso algún puñado que siguió votando comunista y otros grupos minoritarios. Durante los gobiernos socialistas, esta fidelidad se acrecentó, pues el PP representaba lo esencial de lo que los católicos practicantes españoles querían ver en un partido político: unidad de la patria, defensa de valores familiares tradicionales, buena gestión económica e incluso honradez en esa gestión.


Nunca hubo suficientes votos católicos como para darle el PP la mayoría que llevó a Aznar al gobierno -por eso los guiños al centro izquierda que Arriola (sumo consejero y bastante laicista) aconsejaba a los dos presidentes que el PP ha dado a España, Aznar y Rajoy. Pero sin esos votos, ni de lejos se habría producido la victoria popular en las elecciones. En el PP, como en la antigua Democracia Cristiana italiana, empezaron a convivir dos tendencias -que fueron las que a la postre acabaron con la UCD-, una católica y otra laicista; conservadoras ambas en la gestión económica y en la política nacional, pero opuestas en lo concerniente a la familia y a la vida. En esto, la laicista no se diferenciaba en nada del más radical socialismo y la católica aspiraba a tener un peso preponderante porque se asumía que era de sus bases de donde salían la mayoría de los votos.


Aznar, católico practicante, ganó y gobernó como católico pero con un ojo puesto en la otra pata de su banco. Por eso no derogó rápidamente las leyes educativas socialistas y por eso no modificó la ley del aborto aprobada por Felipe González. Además, cometió el grave error de no escuchar al Papa Juan Pablo II, que insistía -con datos que después se han demostrado ciertos- que derrocar al tirano Sadam en Irak era un mal peor que aguantarle. Aznar perdió las elecciones -no las perdió Rajoy, aunque era él quien se presentaba-, sino que las perdió Aznar, sobre todo por su error en Irak, y llegó de nuevo el socialismo. Con un hombre más radical y menos inteligente que González, Zapatero. Los católicos, agredidos brutalmente de nuevo, se volvieron a echar en brazos del PP -siempre hablo de mayorías, nunca de todos-, olvidando que Aznar les había decepcionado en varios asuntos importantes.


Y así llegó Rajoy al poder, con su mayoría absoluta, alcanzada, como la que obtuvo Aznar, por el apoyo católico, por el desengaño de muchos que habían votado a Zapatero y veían que España se hundía, y por la abstención de otros. Había prometido que modificaría la ley del aborto de su predecesor -que, entre otras cosas horribles, calificaba al aborto como derecho- y los católicos le creyeron.


La renuncia a modificar dicha ley -renuncia que llevó consigo otra renuncia, la del Ministro de Justicia, Ruiz Gallardón- supuso un profundo desengaño para los católicos practicantes, burlados por segunda vez por el PP y ahora de forma pública y manifiesta. Supuso también un desconcierto bastante generalizado, reflejado en una pregunta: "¿Y ahora a quién votamos?". Porque naturalmente a los que son más laicistas que el PP no se podía votar, pero a los que no lo son resultaba discutible que votarlos sirviera para algo práctico, pues no habían logrado nunca representación parlamentaria. Durante años se había estado jugando con dos conceptos, el del "voto útil" y el del "mal menor" y eso llenaba las arcas electorales del PP. De repente lo segundo saltaba hecho añicos -el mal menor no se diferenciaba mucho del mal mayor- y lo primero seguía sin verse claro. De ahí el desconcierto, bastante generalizado entre los católicos practicantes que durante años habían votado al PP.


Sin entender esto, no se puede comprender del todo el significado de la manifestación por la vida y contra el aborto del sábado en Madrid. Es más que una manifestación. Es más que una petición de que se derogue una ley inicua que califica "derecho" a matar a un inocente. Es la petición de muchos católicos para que el PP rectifique y no les fuerce a irse a otros partidos donde o bien van a tirar el voto o bien no van a sentirse representados por otras causas.


El PP no rectificará -salvo auténtico milagro- y Rajoy perderá las elecciones y se irá además sin honor y denostado. Arriola y su esposa, la diputada Villalobos, quizá estén contentos -ahora lo están muchísimo al haber logrado que no se modificara la ley del aborto-, pero también pasarán a la historia como los gestores de un fracaso brutal. Ellos perderán y quizá el PP desaparezca, como desaparecieron UCD y AP. Los primeros que pagarán las consecuencias serán los niños que no van a poder nacer por el aborto. Pero no sólo ellos. Muchos católicos traicionarán sus conciencias volviendo a votar al PP porque tienen miedo a ese invento -dicen que del propio PP- que es Podemos o tienen miedo a la vuelta de los socialistas. Otros preferirán arriesgarse a tirar el voto, dándoselo a partidos minoritarios, y otros muchos se quedarán en su casa. Rajoy fracasará. Habrá más abortos y posiblemente veremos nuevas leyes inicuas. Todos perderemos.


Eso es lo que está en juego en la manifestación del sábado. Un último intento de que el Gobierno rectifique. Como digo, no es cuestión de otra cosa más que de milagros, porque Rajoy se ha echado en brazos de Arriola y ha renunciado a su propio honor. Terrible final para un hombre que podía haber pasado a la historia de España como un héroe y va a pasar, al menos para muchos, como un villano.


Una última lección para todos, de cualquier país: hay que desconfiar de los políticos, aunque no haya que inhibirse de la política. Los partidos tienden a decepcionar a los que les votan precisamente porque están gobernados por hombres que mucho antes se han traicionado a sí mismos, convirtiéndose en máscaras vacías, en amorales que sólo buscan el poder a cualquier precio. Una vez más, tenemos que decir: Sólo Dios es Dios y en Él hemos puesto toda nuestra esperanza.



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jeudi 20 novembre 2014

Surfear sobre el Poder de Dios

¿Por qué un surfer en tu logo? Hace unos años, creo que en el 2010, tuve un sueño. Tan gráfico y real que jamás he olvidado. Lo he contado varias veces a amigos. Lo he contado en entrevistas, en prédicas. Pues este sueño que tuve parece profético. Edifica, corrige, anima. Desde entonces mi vida tuvo un giro. De ser un creyente acomodado comencé a ser un discípulo arriesgado.

Te quiero contar de donde viene este logo de la ola con un surfer encima. De repente vino el momento de decidir sobre un logo para mi blog/webpage (miguelhoracio.com)


El proceso de creación de un logo es toda una aventura. Un logo es la punta de un iceberg. El logo representa una visión, misión y estructura de valores de una forma puntual y gráfica.


Quiero aclarar que no soy surfer. No me gustan los deportes extremos. Soy muy respetuoso de la vida, principalmente la mía. Siento que en esos deportes la gente se pone en un riesgo muy grande y le ando lejos a ese tipo de ‘peligros voluntarios’, pero Dios siempre busca la manera de hablarnos de la forma en que mejor le vamos a entender.


En este bendito sueño, aparezco encima de una ola gigante. Una ola tipo tsunami. En la ola estábamos muchas personas. Yo no era el único. Todos estábamos encima de la ola, cada uno en su tabla de surf, tan grande esta ola que cabíamos todos arriba de ella. La ola iba muy rápido y se aceleraba mucho más cuando dejábamos atrás lo que nos estorbaba seguir adelante.


Y es que en momentos sentía que ‘cosas invisibles’ se me iban cayendo.


Escuché a uno de los surfers decir: “Hey! Hay cosas que se nos están cayendo” y otro dijo: “Sí, pero, es mejor así. Pues cuando caen, vamos más rápido aún!” Luego como si el sueño fuese una película, veo como se amplía la cámara y veo que hay personas en el agua, disfrutando del mar.


Veo como ellos se asombran por la ola y se disgustan. Ellos estaban muy cómodos antes de que se levantase la ola y comenzaban a discutir con quienes veníamos encima de ella. Decían algo como: “Ustedes vienen a alterar nuestra tranquilidad”. Yo recuerdo que yo decía dentro de mí: “Pero está ola no la levantamos nosotros, yo aparecí aquí. Hablen con el Dueño de la ola”.


De repente, se amplía más, “la cámara” y veo en la playa una muchedumbre de gente. Pero esta muchedumbre estaba separada en grupos de distintos tamaños.


Unos grandes, otros medianos, otros pequeños. Todos en playa, algunos parados, otros sentados, unos organizados y otros más desorganizados. Todos con sus tablas de surf al lado. En ese momento se abren mis oídos y escucho lo que están diciendo en esos grupo. Lo primero que me sorprende es que están orando y lo segundo que me sorprende es que están orando a Dios para que se levante una ola que transforme sus vidas. Pero, curiosamente estaban muchos con los ojos cerrados y los pocos que los tenían abiertos estaban

mirándose el uno al otro. Cada grupo estaba como centrado en sí mismo y no notaban que ya una gran ola se había levantado y lo único que tenían que hacer era tomar ‘las tablas de sus vidas’ y arriesgarse sobre la ola.


Pedían lo que Dios ya había dado y aún no se confiaban a Él.


Luego, veo más allá, y veo que venían de distintas partes personas a la orilla. Unos a mirar con asombro y muchos otros a ‘fotear’ o ‘grabar’ la ola. Estos no se mojaban ni una uña, no oraban. Sólo se admiraban. Tomaban fotos y videos. Estos sólo observan. No se involucran.


Asimismo ocurre en el cristianismo. Unos surfean sobre el Poder de Dios, van dejando cosas atrás y se van transformando sus vidas. Otros sólo se mojan ‘hasta el ombligo’ y quieren estar dentro del Reino de Dios, pero controlándolo todo. Otros oran y oran y oran pero no se arriesgan. Y otros no más miran y tiran fotos para recordar.


Aquí vuelvo al logo. Siento que a mí, Dios me llama a estar animando y formando surfers. Personas que se arriesguen a confiar en el Poderoso Rey Jesús que nos ha dado Su Espíritu Santo como una ola transfromadora.


El logo tiene un solo surfer, que puedes ser tu o yo. En este blog iré posteando más sobre cómo surfear en el Poder de Dios.


¿Tú que opinas del sueño de la ola? ¿Te ubicas encima, en el agua, en la playa? ¿Cuál es tu comentario sobre el logo?



Already Possible by Gauzy

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