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lundi 12 janvier 2015

Escuelas, pozos y esperanza en «el país de las tragedias»: los niños misioneros ayudan a los niños

El próximo 25 de enero se celebra la Jornada de Infancia Misionera con el lema “Yo soy uno de ellos” . Un lema que manifiesta la cercanía a “ellos”, a los muchos niños que viven en medio de carencias, problemas, abandono…

Los niños de Sierra Leona son parte de ese “ellos”, de una manera especial, con el ébola, con la guerra civil que terminó relativamente hace poco, con su pobreza en un país lleno de riquezas naturales.


Por eso, Infancia Misionera ha querido este año estar cerca con el apoyo a varios proyectos destinados a estos niños de Sierra Leona. Son proyectos que se han financiado en su mayor parte gracias a la generosidad de los pequeños de Infancia Misionera que han hecho realidad el espíritu de esta Obra Pontificia: “Los niños ayudan a los niños”.


Escuelas, pozos, niños presos...

Son proyectos como la ampliación de la escuela “Blessed Michael Tansi”, en la ciudad de Freetown, a la que asisten 400 niños, o la puesta en marcha de la escuela primaria St. Paul en Regent, una población cercana, sin centro educativo alguno y cuyos niños se espera que ya no tengan que hacer kilómetros para acudir a clase.


Proyectos como la apertura de dos pozos en Makeni, para que los niños de dos colegios cercanos tengan acceso a agua potable, sobre todo en la estación seca.


Pero no se trata sólo de proyectos, se apoya, sobre todo, la labor de protección a los más pequeños que desarrollan personas como el padre Peter Konteh. Este sacerdote ayuda a dos centenares de niños detenidos por diversos delitos.


Se trata de lograr que vuelvan con sus familias, a través de ayuda legal, educación y apoyo psicológico. Los 6.000 euros de este proyecto y el cariño y dedicación de quienes lo llevan adelante, les abrirán la puerta de una vida distinta a estos chicos.


El padre Peter Konteh abrió hace años el Hogar para Niños St. Mary, donde ha acogido a numerosos huérfanos de la guerra civil.


El país de las tragedias

Sí, porque desgraciadamente Sierra Leona es el país de la tragedias. Antes del Ébola, estuvo la guerra civil, financiada con los diamantes de sangre, y que dejó miles de muertos, y una población que vio atrocidades increíbles.


El padre Peter se ordenó sacerdote en 1996, en el momento en que la guerra civil estaba en su apogeo.


Había tanta violencia que ni siquiera los periodistas más valientes se atrevían a acercarse – el padre tuvo que hacer de corresponsal para la BBC.


Salvo los misioneros, apenas quedaron ONGs en el país.


El recién ordenado sacerdote empezó a encontrarse bebés abandonados en la puerta de su casa.


Con el apoyo de toda la Iglesia de Freetown creó el Hogar para Niños. “No se sabía de dónde venían estos niños y nadie en el país podía hacerse cargo de ellos”, cuenta el padre Peter.


Hoy muchos han sido adoptados y todos han podido ir a la escuela, con la esperanza de que el futuro sea mejor, a pesar de ébolas, malarias y violencias. Infancia Misionera está cerca de estos niños, “Yo soy uno de ellos”.


Donativos a la infancia misionera:

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dimanche 11 janvier 2015

Cardenales: cada vez tocamos a menos

Días atrás (5 de enero), la Santa Sede anunció la creación de veinte nuevos cardenales, quince de ellos electores, es decir, menores de 80 años. Por tanto los quince podrán participar –si entre tanto ninguno de ellos llega a octogenario- en un futuro cónclave para elegir nuevo Papa, cuando ello sea necesario. Dios quiera que tarde para que Bergoglio tenga tiempo de llevar a cabo las reformas que se ha propuesto.

En la convocatoria un solo español -¡y gracias!- ha entrado en la lista: el arzobispo de Valladolid, “un tal Blázquez”, como dijo Arzallus cuando fue nombrado obispo de Bilbao. Hay un segundo español, José Alberto Lacunza, arzobispo de David (Panamá), pero no pertenece a “nuestro” clero.


Don Ricardo Blázquez ha sido elevado al rango de príncipe de la Iglesia, no por ocupar una sede de tradición cardenalicia, que Valladolid no la ha sido nunca, sino por la trayectoria pastoral de la persona, siempre a disposición de Roma, y en compensación por lo que tuvo que tragar en Bilbao, una diócesis envenenada por el nacionalismo excluyente.


Con la imposición a Mons. Blázquez del capelo cardenalicio en febrero próximo, España tendrá once cardenales, de ellos, seis eméritos (don Francisco Álvarez, fray Carlos Amigo, don José Manuel Estepa, don Julián Herranz, don Eduardo Martínez Somalo y don Fernando Sebastián) y cinco electores (don Santos Abril, Roma; don Antonio Cañizares, Valencia; don Luis Martínez Sistach, Barcelona, don Antonio Rouco, jubilado de Madrid, y el ya citado don Ricardo Blázquez).


Como Santos Abril, igual que Rouco y Martínez Sistach dejarán de ser electores dentro de nada, o casi nada, quiere decirse que a España no le quedarán más electores que Cañizares, procedente de la curia romana aunque haya terminado aterrizando en su Valencia natal, y el susodicho Blázquez. Y no esperemos que en adelante haya muchos cardenales españoles más. Si acaso Madrid y Barcelona, en un próximo cónclave, vean nombrados sus respectivos y nuevos arzobispos, pero pare usted de contar. Y ambas macrodiócesis no por su especial distinción evangelizadora, sino por su volumen demográfico o por sus muchas necesidades pastorales.


Se acabaron las archidiócesis históricamente cardenalicias o así, como Toledo y Sevilla, y en un nivel algo inferior, Santiago y Valencia, y aún más distantes en el tiempo, Tarragona o Zaragoza. El caso de Toledo es el más llamativo de todos, porque de sede primada, cuyo arzobispo –normalmente cardenal- presidía la conferencia de metropolitanos –antecedente de la conferencia episcopal-, ha quedado limitada a una archidiócesis como otras también cargadas de historia.


La Iglesia católica –y como tal católica, universal- se ha extendido por todo el planeta y, en consecuencia, hay que dar representación en el colegio cardenalicio al mayor número posible de Iglesias particulares. Sin embargo, como el número de electores está limitado a 120, para dar entrada en el “senado” eclesiástico a las Iglesias periféricas, emergentes, acaso pequeñas pero también “hijas de Dios”, es necesario reducir la presencia europea, hasta no hace mucho ampliamente hegemónica.


También el epicentro apostólico, localizado hasta tiempos recientes en Europa meridional, particularmente en Roma e Italia, se ha dispersado en varias direcciones –América del Norte, Central y del Sur, África, Extremo Oriente, Australia y Oceanía, etc.-. Roma seguirá siendo Roma, porque allí está la Santa Sede, pero Europa, en claro declive cultural y religioso, ha dejado de ser el ombligo del mundo. La masonería, con su relativismo moral, y los flecos del marxismo, que subsisten, con su ateísmo beligerante, que desde Marcuse y compañía ha causado estragos en la juventud occidental, ha perdido músculo de tal forma, que en lugar de ser un referente civilizador y misionero, se ha convertido en una fuente de conflictos éticos.


Hoy, si queremos encontrar paradigmas evangelizadores, hemos de mirar al Extremo Oriente. Los regímenes comunistas y, por consiguiente ateos, persiguen todavía a las Iglesias cristianas, sobre todo a la católica. Pero esa situación, como en Cuba, no durará eternamente, y el día que se aflojen los grilletes, presenciarán –quienes vivan entonces- un florecer religioso inaudito, porque el hombre tiene necesidad de Dios, de un Dios liberador como el “nuestro”, tanto o más que de comer.


Actualmente el modelo de Iglesia a imitar no es ninguna de Occidente, sino la de Corea del Sur, con su crecimiento incesante, en un país pequeño pero enteramente moderno, dinámico, desarrollado, emprendedor, de economía y mercado libres. Una Iglesia en parte tradicional, donde las mujeres se cubren todavía la cabeza con mantillas blancas cuando entran en los templos, pero desclericalizada, donde los seglares tienen una participación y responsabilidad muy activas en las tareas evangelizadoras. En definitiva, una Iglesia con futuro, una Iglesia de todos y para todos, y no solamente de obispos y curas, donde los laicos –que también sé usar esa palabra, aunque me guste poco- no pasamos de ser convidados de piedra.



Ser o no ser Charlie Hebdo


Yo soy Charlie Hebdo. Yo no soy Charlie Hebdo. He aquí la dicotomía que los medios de información, generalistas y de índole cristiana, nos han presentado en estos días.


A raíz de los terribles atentados de París, surgió desde Francia hacia todo el mundo la frase “je suis Charlie”, como una forma de solidarizarse con aquellos que habían perdido la vida en el ataque a la citada revista. Como suele ocurrir en estos casos, se extendió por Facebook y demás redes sociales como un reguero de pólvora.


Como contrapartida, diversos medios católicos publicaron en portada artículos titulados “je ne suis pas Charlie”, recordando el continuado escarnio de nuestra fe realizado por la revista, con la que, pese a condenar sin titubeos los atentados, resultaba imposible identificarse.


Se ha creado un debate sobre el tema, y los ánimos andan encendidos. Incluso el portavoz de la Conferencia Episcopal Española se ha llevado algún rapapolvos, en más de un artículo, a raíz de las declaraciones en las que se pronunció sobre el atentado.


Quien me conoce sabe que no peco de tibieza en batallar contra quien persigue nuestra fe. Si hay que meterse en un charco, pues de cabeza y a enlodazarse, sin miedo. Sin embargo, y aunque vaya a contracorriente, no comparto esta postura del “yo no soy Charlie”. Y no lo hago porque creo que, en un momento así, el que ha sido “nuestro enemigo”, el que no nos mostró respeto, puede recibir el nuestro.


Vale que no tenemos que andar poniendo titulares de “yo soy Charlie”; pero tampoco hace falta significarse yendo al extremo contrario. No hoy, no ahora. Mañana habrá tiempo de volver a batallar, hasta el extremo, contra quien ofende los sentimientos de millones de personas, atacando a lo más sagrado, a su fe. Pero hoy es el tiempo de rezar por sus almas, por sus familias destrozadas, de mostrar misericordia por nuestro enemigo. A fin de cuentas, han pagado con sus vidas sus ofensas. Ahora mismo no precisan ya de nuestras condenas.


No, claro que yo no soy Charlie. Pero hoy no lo gritaré orgulloso a los cuatro vientos. Es el tiempo de demostrar que nada nos importa más que la vida humana. Aun la del más vil y miserable ser. Es el tiempo de compadecerse, y de cumplir las palabras de Cristo: “amad a vuestros enemigos”. Es el tiempo de mostrar que el cristiano sabe perdonar, y es antagónico a la barbarie islamista.



El cabildo responde a Susana Díaz: la catedral de Córdoba pertenece a la Iglesia desde 1236

"La titularidad de la Mezquita de Córdoba tiene que ser pública, en eso no tengo ninguna duda, tiene que ser de los cordobeses, de los andaluces y de los españoles, y la titularidad pública no la puede impedir nadie porque inmatricule por 30 euros", afirmó este sábado en La Sexta Noche la presidenta andaluza, Susana Díaz. Unas declaraciones que han recibido la inmediata respuesta este domingo del cabildo de la catedral de Córdoba, con el siguiente comunicado.

Comunicado del Cabildo de la Catedral de Córdoba ante las declaraciones de la Presidenta de la Junta

El Cabildo de la Catedral de Córdoba, ante las recientes declaraciones de la Presidenta de la Junta de Andalucía desea manifestar lo siguiente:


-Toda la legislación internacional y nacional avala que la titularidad del templo pertenece a la Iglesia Católica desde 1236. El Cabildo recuerda que el Ministerio de Hacienda así lo afirmó en un informe publicado el pasado mes de abril en el que quedaba demostrado que la propiedad del monumento pertenece a la Iglesia, por lo que anima al Ejecutivo andaluz a respetar las leyes.


-El Cabildo desea aclarar que la inmatriculación del templo, producida en 2006, consiste en dar publicidad a la titularidad de una propiedad que ya se posee, en este caso desde 1236. La inmatriculación no supone en ningún caso un cambio de propiedad o una “compra”, sino simplemente una notificación en el Registro de la Propiedad. Cabe recordar que hasta 1998 la Iglesia Católica, al igual que otras confesiones religiosas, no tenía reconocido el derecho de tener registradas sus propiedades ante el Registro. En este sentido, la propia Junta de Andalucía firmó en 1991 un acuerdo de colaboración con el Cabildo en el que el ejecutivo autonómico reconocía por escrito que el Cabildo era el “titular del monumento”.


-Ante las declaraciones de la Presidenta de la Junta de Andalucía de que el Cabildo ha borrado la palabra “Mezquita” de la página web y los folletos turísticos, el Cabildo le informa de que la denominación “Mezquita” aparece en 23 ocasiones en su página web y en 6 ocasiones en los folletos oficiales. En este sentido, la denominación, como ya ha afirmado en varias ocasiones el Cabildo, no es lo más importante, sino que el templo se siga cuidando y conservando de generación en generación como ha venido haciendo el Cabildo desde hace más de 775 años, lo que ha permitido que se haya mantenido en un perfecto estado de conservación.


-El Cabildo agradece a la Presidenta de la Junta de Andalucía que públicamente haya reconocido la buena gestión que el Cabildo hace del monumento. En este sentido, el Cabildo valora muy positivamente que la Presidenta haya rectificado la propuesta del Consejero de Turismo, Rafael Rodríguez. El Cabildo seguirá gestionando el templo con los mismos estándares de profesionalidad y calidad seguidos hasta la fecha y que han conseguido consolidar al monumento como un referente en todo el mundo.



El Espíritu Santo es «el gran olvidado» en nuestras oraciones, pero es quien da «coraje apostólico»

En el domingo del Bautismo del Señor, que concluye el tiempo de Navidad, el Papa Francisco se refirió al pasaje del Evangelio que describe lo sucedido en la orilla del Jordán: cuando Juan el Bautista bautiza a Jesús, el cielo se abre.

Con el evento del Bautismo de Jesús terminó el tiempo de los ´cielos cerrados´ - explicó el Santo Padre – que indican la separación entre Dios y el hombre como consecuencia del pecado. "Los ´cielos abiertos´ en cambio - dijo - indican que Dios ha donado su gracia para que la tierra dé su fruto. De este modo la tierra se transforma en la morada de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar al Hijo de Dios. Lo podemos encontrar realmente presente en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en particular en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los prófugos, que son la carne viva del Cristo sufriente y la imagen visible del Dios invisible”.


El Papa Bergoglio destacó además que el Espíritu Santo, que animó la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo que guía la existencia cristiana y afirmó que un cristiano y una comunidad "sordos" a la voz del Espíritu Santo que nos impulsa a llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, se transforman también en un cristiano y una comunidad “mudos” que no hablan y no evangelizan.


"Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión que todos hemos recibido en virtud del bautismo", dijo Francisco, "significa redescubrir el coraje apostólico necesario para superar fáciles comodidades mundanas".


Al saludar a los peregrinos presentes en la plaza de San Pedro, Francisco recordó que mañana inicia su viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas y les pidió que lo acompañen con su oración.


Texto completo de las palabras del Papa

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.


Hoy celebramos la fiesta del bautismo del Señor, con el cual concluye el tiempo de Navidad. El Evangelio describe lo que sucede a orillas del Jordán. En el momento en el cual Juan el Bautista confiere el bautismo a Jesús, el cielo se abre. «Enseguida – dice san Marcos – al salir del agua, vio que los cielos se abrían» (1,10). Viene a la mente la dramática súplica del profeta Isaías: «Si tu abrieras los cielos y bajaras» (Is 63,19). Esta invocación ha sido escuchada en el evento del Bautismo de Jesús. Así se ha terminado el tiempo de los “cielos cerrados”, que indican la separación entre Dios y el hombre, como consecuencia del pecado. El pecado nos aleja de Dios e interrumpe la relación entre la tierra y el cielo, determinando así nuestra miseria y el fracaso de nuestra vida. Los cielos abiertos indican que Dios ha donado su gracia para que la tierra de sus frutos (Cfr. Sal 85,13). Así la tierra se ha convertido en la morada de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar el Hijo de Dios, experimentando todo el amor y la infinita misericordia. Lo podemos encontrar realmente presente en los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en especial en los pobres, en los enfermos, en los encarcelados, en los prófugos: ellos son la carne viva de Cristo sufriente e imagen visible del Dios invisible.


Con el bautismo de Jesús no solo se abren los cielos, sino Dios habla nuevamente haciendo resonar su voz: «Tu eres mi Hijo amado: en Ti me he complacido» (Mc 1,11). La voz del Padre proclama el misterio que se esconde en el Hombre bautizado por el Precursor.


Luego, la venida del Espíritu Santo, en forma de paloma, esto consiente a Cristo, el Consagrado del Señor, inaugurar su misión salvífica, que es nuestra salvación. El Espíritu Santo – el gran olvidado en nuestras oraciones: nosotros frecuentemente rezamos a Jesús, oramos al Padre, especialmente cuando rezamos el Padre Nuestro, pero no rezamos frecuentemente al Espíritu Santo, es verdad. ¿No? Es el olvidado. Y tenemos necesidad de pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración – el Espíritu Santo que ha animado enteramente la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo Espíritu que hoy guía la existencia cristiana, la existencia de un hombre y de una mujer que dicen y que quieren ser cristianos. Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos hemos recibido en virtud del bautismo, significa redescubrir el coraje apostólico necesario para superar fáciles comodidades mundanas. En cambio, un cristiano y una comunidad “sordos” a la voz del Espíritu Santo, que nos impulsa a llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra y de la sociedad, se hacen también un cristiano y una comunidad “mudos” que no hablan y no evangelizan. Pero, recuerden esto: rezar frecuentemente al Espíritu Santo para que nos ayude, nos de la fuerza, nos de la inspiración y nos haga ir adelante.


María, Madre de Dios y de la Iglesia, acompañe el camino de todos nosotros bautizados; nos ayude a crecer en el amor hacia Dios y en la alegría de servir al Evangelio, para dar así sentido pleno a nuestra vida.



samedi 10 janvier 2015

Los obispos Barrio y Saiz Meneses: «Hay que ir contra corriente» y eso «requiere heroísmo»

Durante las pasadas III Jornades Transmet!, celebradas por la diócesis de Tarrasa bajo el lema Transmisión de la Fe para la Nueva Evangelización, tuvimos ocasión de conversar en Sant Cugat del Vallés con el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio Barrio, y con el prelado anfitrión, Josep Àngel Saiz Meneses, sobre los temas abordados por el reciente sínodo, y en particular sobre el papel evangelizador de la familia.

-Decía Winston Churchill que “cuanto más de cerca seguimos el Sermón de la Montaña, más posibilidades de éxito tenemos en cualquier empresa que llevemos a cabo”. Y que “es en la familia donde las principales virtudes nacen, crecen, se refuerzan y se transmiten”.

-Monseñor Barrio: Efectivamente, y yo suelo decir que a la familia nunca le agradeceremos suficientemente lo que hace y lo que seguirá haciendo por cada uno de nosotros y nunca debemos dejar de acompañar a las familias en la medida en que podamos. Yo creo que no debemos descuidar el sentir la necesidad que tenemos de estar junto a ellas. La familia hoy, en las diversas circunstancias de la vida, tiene en nuestra sociedad muchas connotaciones diferentes. Las familias están trabajando, yo suelo decir, del amanecer hasta el atardecer, sacando adelante a los hijos, y hay que agradecerles esa dedicación. Pero ahí también tiene que hacerse presente la Administración con esa ayuda que debe de prestar a las familias. Porque lo que sí es cierto es que no solo de pan vive el hombre. Muchas familias han llegado a este deterioro que tenemos que lamentar porque quizás se han visto presionadas por una situación social que no las ha reconocido tal como debieran haberlo hecho.


En primer lugar, pastoralmente lo que nos toca a nosotros es estar muy cerca de ellas, acompañarlas con ese acompañamiento preocupado: y ello para evitarles en aquello que podamos el sufrimiento inútil; porque si realmente perdemos la referencia familiar podemos decir que estamos perdiendo una de las bases fundamentales en la nueva evangelización.


¿Que podemos hacer más? Yo creo que siempre se puede hacer más. Y volviendo al capítulo de las ayudas quiero hacer una llamada a nuestras Administraciones políticas a que efectivamente comparezcan, acompañen y ayuden a las familias en un ámbito distinto al que en la Iglesia tenemos que hacer; pero hay un aspecto que es el económico, que son las ayudas, con las cuales hoy la familia se siente muy desprotegida.


¿Que hay conexión entre el deterioro de la familia y esa carencia de ayudas? Yo creo que en buena parte sí. Y por eso desde la Iglesia, desde nuestra actividad pastoral, tendremos también que estar siempre muy cerca, salir al encuentro de ellas, de sus necesidades reales, de las situaciones concretas, para que desde la comprensión nosotros podamos también llegar a ayudarles a lograr su propio cometido.


-A mi modo de ver quedó patente en el sínodo extraordinario sobre la familia una división en el seno de la Iglesia. ¿Cómo podemos digerir esta división, que hace sufrir mucho a los católicos?

-Monseñor Barrio: Pienso que habría que recordar aquello de San Agustín: In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas, es decir, en lo necesario unidad, en lo opinable libertad, y en todo caridad. Tengo la impresión de que el Papa Francisco un poco quiere interpretar la realidad concreta que nosotros estamos viviendo. Yo suelo decir “que nadie se quede sin preguntar”, sin hacer la pregunta que realmente entienda que debe hacer. Después la respuesta, a lo peor, no es aquella que uno esperaba; pero en todo caso siempre tenemos que actuar y afrontar la realidad concreta que hoy estamos viviendo con unidad eclesial: lo tenemos que hacer con una gran esperanza, con una gran confianza en el Señor y sabiendo que la referencia que nosotros hemos de tener es esta esperanza y es esta confianza; son estas virtudes la clave con la que tenemos que interpretar la sinfonía de la realidad concreta que nos toca vivir.


-Monseñor Saiz Meneses: A mí, hay un frase del evangelio que siempre me ha calado muy hondo, en el discurso de despedida de Jesús: “Padre, que todos sean uno como Tú y Yo somos uno, y el mundo crea”. En esa expresión Jesús pone la unidad como condición para ser creíbles. Muy serio y muy profundo. Es condición sine qua non para el trabajo pastoral en nuestra labor evangelizadora, y por lo tanto un elemento esencial en nuestra comunión eclesial.


Ahora bien, unidad no significa uniformidad. Puede haber una diversidad complementaria y una unidad llena de diversidad de carismas, como los dones del Espíritu Santo: enriquecimiento y complementariedad. En la Iglesia hay dos principios que son fundamentales a lo largo de la historia. Uno es el principio de la fidelidad al Evangelio; y también es natural que los obispos se reúnan y dialoguen en el sínodo y se expresen libremente y resuelvan las diferencias como hacían los apóstoles en la primera comunidad cristiana, con diálogo y con oración, invocando al Espíritu Santo para que les dé luz y les muestre el camino y luego la decisión para seguir adelante. Aunque no se pueden cambiar las cosas que son fundamentales en nuestra fe.


-A nivel universal hay un sentimiento claro entre los católicos de que se están bombardeando las bases de la doctrina de Jesucristo. Se me antoja que la formación, que siempre ha sido de gran importancia, no solamente sigue siéndolo, sino que ahora es un tema candente.

-Monseñor Saiz Meneses: Hay como un trípode, que era el clásico en la Acción Católica y de cualquier realidad de Iglesia y que es de sentido común: la oración y los sacramentos; la formación y la acción; y el compromiso para cambiar el mundo y conformarlo a la voluntad de Dios. La formación es muy importante; muy importante. Y es muy importante porque nos ayuda a dar razón de nuestra fe y esperanza; razón y Fe no son incompatibles, son complementarias, decía el papa Benedicto XVI en Fides et Ratio; son como las dos alas del conocimiento que nos ayudan a acercarnos a la verdad y a Dios. Por eso no somos fundamentalistas que tienen mucha fe pero rechazan la razón, rechazan el estudio. Y hoy hay muchas lagunas en la formación, sobre todo yo diría en eclesiología, la realidad de la Iglesia.


-¿Cómo se puede fomentar la implantación de la formación en la parroquia, cuando la misma catequesis se reduce en muchos casos a los niños que asisten a ella en los colegios, pero la parroquia ya no atrae a las familias?

-Monseñor Saiz Meneses: Eso es para mí una de las mayores preocupaciones e inquietudes, y en el plan pastoral de la diócesis lo hemos establecido como objetivo: la creación de un movimiento diocesano de niños, es decir que en todos los niños y niñas que llegan a la comunión hay que cuidar especialmente la continuidad. En las parroquias donde hay catequesis de poscomunión o movimientos infantiles de iglesia pueden estos medios tradicionales muy bien ser el modo de implementar un movimiento diocesano de niños con el que podamos ofrecer a las familias un instrumento de formación.


Y es que esto lo experimenté personalmente con los padres cuando estaba en parroquias: de hecho allí creamos un esplai cristiano que cumple ahora veinte años justamente. Y es muy sencillo el tema, y ello es que a los padres les interesa: los niños tienen 8 o 9 años, y hacen la primera comunión; son preciosos, son obedientes, son dóciles, lo explican todo a los padres; no hay ningún problema con ellos. Pero en tres o cuatro años, cuando lleguen a la preadolescencia, los niños se distancian de los padres, necesitan la realidad del grupo de amigos y en el grupo el líder es el que marca la tendencia; y si el líder es deportista o es discotequero o fuma porros o es estudioso, o es cristiano, marca mucho la diferencia.


Yo les decía a los padres: rogad a Dios que dentro de cuatro años vuestros hijos estén en un ambiente cristiano, en un ambiente sano. La parroquia les ofrece un ambiente sano y cristiano, que les enseña a ser buenos hijos, buenos ciudadanos y buenos cristianos también. Yo creo que a los padres, aunque fuera por egoísmo, les interesa, porque luego llega ya un momento en que se les escapa y es un sufrimiento para un padre y una madre de un joven cuando no sabe en qué compañías está, en qué ambiente.


Por lo tanto en ese sentido estamos trabajando mucho, y estamos haciendo encuentros con la Catequesis de Primera Comunión para lograr que luego continúen, y personalmente en todas las parroquias por donde paso hablo con los catequistas y con los párrocos y les digo que hay que empezar; por donde sea: aunque continúe solamente un grupo, porque una vez comenzado eso es fácil, y yo no pierdo la esperanza.


-Me gustaría que hablaran sobre las presiones que recibe el Papa para un relajamiento de la moral, o minimizar la figura del presbítero o relegar la importancia de los sacramentos.

-Monseñor Barrio: Creo que el Papa lo que está tratando de hacer es tender puentes de forma que podamos tener esa comunicación, ese diálogo con personas que viven al margen de los valores de la Iglesia, o con personas en las que la vivencia de esos valores ha venido a menos, como se suele decir.


Lo que no es de recibo a mi modo de ver es que se esté tratando de bombardear los pilares de esos puentes que quiere tender el Papa para que efectivamente pueda haber esa comunicación. Muy al contrario, es en ese diálogo fluido en el cual se pondrá de relieve la permanencia de unos valores que debemos seguir manteniendo a la hora de fortalecer lo que es la condición de la persona humana, y en este caso de la familia; creo que tenemos que hacer todo lo que sea posible y esté en nuestras manos por conducir la realidad de la familia de forma que esa realidad responda al plan y a la visión de Dios.


Pienso que en esto todo esfuerzo será poco y que será siempre necesaria toda colaboración para recuperar los valores que nunca debió perder la familia. Hoy más que nunca necesitamos una familia con esos valores y que realmente sea un signo claro de lo que es una antropología del hombre y la misión que el Señor ha encomendado a la familia.


-Monseñor Saiz Meneses: Personalmente creo que todo se reduce a pocas cosas: a los sacramentos y a vivir unas serie de virtudes. En muchos casos la vida cristiana es heroica: requiere heroísmo vivir en la sociedad de hoy los valores del Evangelio. Hace sesenta años tal vez la sociedad acompañaba con una serie de valores que tenía asumidos.


Hay que fijarse mucho en el punto de partida. La vida cristiana, y esto hace ya muchos años que lo leí en un libro de Romano Guardini, La esencia del Cristianismo, que luego he visto reflejado en el Papa Benedicto XVI; la vida cristiana, decía, comienza si nosotros conocemos la doctrina, conocemos los mandamientos, y no los percibimos como unos condicionantes externos a mi libertad que me impiden ser feliz, que me impiden gozar de la vida, que me impiden desarrollarme; la vida cristiana arranca de un encuentro con Cristo, que cambia la vida, que cambia el corazón, que todo lo hace nuevo. El dinamismo de esa vida nueva lleva a vivir un camino. Los mandamientos no son una carga pesada que limita la libertad, al contrario, lo que hacen es facilitar el camino para evitarme caer en precipicios o perderme.


Una persona que tiene esa experiencia de vida nueva en Cristo que le ha renovado, que le ha convertido, que le ha cambiado, agradece los mandamientos, porque le facilitan esa vida nueva: para no ser desgraciado, para no perderse, para no despeñarse. Ahora bien, si la persona no tiene esa experiencia de encuentro con Cristo, la moral será una carga pesada.


Una persona joven o adulta, que nos toca vivir contra corriente, avanzar por la vida, pensando una cosa, que en nuestra vida cristiana estamos llamados a la santidad, que somos pecadores llamados a la santidad, debe rechazar el buenismo de decir “somos buenas personas, vamos haciendo”; no: somos pecadores pero estamos llamados a la santidad, con la gracia de Dios y por la gracia de Dios. Entonces a una persona, con sus únicas fuerzas, le es imposible esa tarea: la fuerza la recibe y se nutre con la eucaristía sobre todo, y la gracia para ir superando las dificultades. Sin la eucaristía, sin la confesión, sin la gracia de Dios y la oración, es imposible vivir en cristiano o vivir la experiencia de la comunidad cristiana; y no en solitario, sino en familia, en iglesia. No solo estamos llamados a resistir como podamos, sino a la santidad.


-Procede estudiar cómo superar los estresantes condicionantes socioeconómicos de las familias, o las dificultades de las familias que luchan con vigor y sacrificios por vivir con fidelidad el evangelio de Jesucristo...

-Monseñor Barrio: Estos aspectos se tratarán con profundidad en el sínodo ordinario del año próximo. Entre otras cosas porque los obispos se han dado cuenta de que si la familia tiene que recuperar ese esplendor que nunca debió perder, se deben contextualizar las dificultades que afrontan las familias y ver cómo realmente se puede hacer una llamada a la sociedad: para que sean nuestras administraciones políticas las que pongan los medios eficaces para que las familias no se vean en la necesidad de ocuparse todo el tiempo por la economía. Sabiendo que hay otras áreas e intereses en las que la familia debe ocuparse y que debe mantener.


-Algunos piensan que este es el momento propicio para desmantelar toda idea de verdad objetiva en pro de un relativismo moral...

-Monseñor Barrio: Es un momento en el que es necesario hacer un discernimiento claro sobre cuáles son los valores que favorecen la dignidad humana. A veces hay que ir contracorriente, pero es necesario hacerlo en pro de esa dignidad del persona humana y en pro de esa preocupación constante que lógicamente la Iglesia debe tener: favoreciendo lo que es lo propio y esencial de esa dignidad.


En todo caso entiendo que determinados posicionamientos no pueden aceptarse como cristianos que somos, y debemos tratar de evaluarlos y recordar que la Iglesia no la hemos inventado nosotros, la ha fundado Cristo y lógicamente Él lo que nos pide es revitalizar la Iglesia en el momento en que nos toca vivir. Y desde esa preocupación y desde esa inquietud ir dando respuesta a toda esta problemática que estamos teniendo que siempre tiene que ser vista desde una perspectiva moral. En esa clave nosotros tenemos que ir abriendo camino en nuestro quehacer pastoral como cristianos comprometidos con unos valores que son los valores de la Iglesia y que nosotros tenemos que tratar de llevar adelante.


-Entre otras cosas que la Iglesia podría hacer por nosotros está comunicar mejor...

-Monseñor Saiz Meneses: La Iglesia tiene que comunicar mejor, sí aunque yo personalmente en este momento, y quizás sea utópico, digo que hay que mirar lo que la Iglesia puede hacer por nosotros pero también lo que nosotros podemos hacer para revitalizar la Iglesia y que siga respondiendo a la misión que el Señor le ha encomendado.



Civilizaciones


Sólo quienes observan similitudes entre el león cobarde de El mago de Oz y Rodolfo, el de Mari Carmen y sus muñecos, tan diferentes como Kansas y Sitges, puede verlas también entre la civilización occidental y el mundo árabe, pues la primera respeta el cuscús y el segundo, como ha quedado claro en la matanza de París, no tolera el supermercado judío. Ni los derechos de la mujer ni la libertad religiosa. Ir en Bagdad a misa de doce acarrea un riesgo superior al de escalar el K7 por la pared suroeste con los zapatos de los domingos.

El hecho de que todos los hombres sean iguales no conlleva la homogenización de las civilizaciones. Quiero decir que el metrosexual, con su cuerpo rasurado, no es mejor que el hombre de las cavernas ni la calefacción central está por encima del invento del fuego, pero tanto el metrosexual como la calefacción explican que no hay nada malo en depilarse ni en sustituir la leña por gas ciudad. En otras palabras, evolucionar es de sabios.


El mundo árabe considera injusto que le señale el dedo acusador de occidente por el doble atentado. Y tiene razón, pero lo cierto es que, como civilización, le queda mucho que avanzar. El caldo de cultivo del rencor a Europa tiene como ingredientes la pobreza, la desigualdad y la intolerancia. Y aunque aquí también se producen episodios de racismo, el sentimiento de animadversión no es recíproco por el mismo motivo por el que el tifus no se propaga, por lo general, desde una fuente del Central Park, sino desde una charca infectada del África subsahariana.


Otra cosa es determinar de quién es la responsabilidad de la infección. Conspicuos periodistas y actores de la izquierda española consideran que la matanza parisina es una repuesta adecuada a la intervención militar de occidente en el próximo, medio y lejano Oriente. Si esta gente se muestra comprensiva con los atentados es porque se lo explica desde una perspectiva ideológica, lo que resulta paradójico si se tiene en cuenta que varias de las señas de identidad del progresismo chocan frontalmente con los pilares de la civilización árabe. Aun así, para ellos el liberalismo es la causa de todo. Su connivencia con la barbarie se deriva del planteamiento falso de que Edison es el responsable de la explotación laboral del farero de El Principito.