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mercredi 3 décembre 2014

Las franciscanas de Florencia ocultaron a 80 judías con niños pequeños: declaradas «Casa de Vida»

“Casa de vida”. Este es el reconocimiento que puede leerse en una placa conmemorativa expuesta desde hace unos días en el monasterio de las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, en la Plaza del Carmen de Florencia (Italia).

El homenaje ha sido atribuido por la Fundación Internacional Raoul Wallenberg en reconocimiento de la ayuda ofrecida por las religiosas de esa comunidad a mujeres y niños durante las redadas nazis perpetradas hace exactamente 71 años.


Tras la razia que llevó a la deportación a Auschwitz de 1.022 judíos romanos, los nazis avanzaron rápidamente hacia el norte de la península italiana para efectuar nuevas incursiones en las principales ciudades.


Florencia, por su importancia y cercanía, fue el primer objetivo nazi. La comunidad judía de esta ciudad pagó un atroz precio al Holocausto, sufriendo dos redadas, el 6 y el 26 de noviembre de 1943.


Giorgio la Pira, político y Siervo de Dios

Al intensificarse las persecuciones, dado que los alemanes habían exigido la lista de todos los judíos de Florencia, el Comité de Asistencia Judío, creado por el joven rabino jefe de Florencia, Nathan Cassuto, decidió pedir ayuda a la arquidiócesis de Florencia.


Los primeros contactos fueron facilitados por Giorgio La Pira, quien tras la guerra sería alcalde de esta ciudad. Hoy se encuentra en proceso de causa de canonización por la Iglesia católica.


El arzobispo de Florencia, el cardenal Elia Dalla Costa, encargó inmediatamente al párroco de Varlungo, el sacerdote Leto Casini y al sacerdote dominico, Cipriano Ricotti, que ayudaran al Comité de Asistencia Judío para poder salvar a judíos en varios monasterios y en institutos religiosos de la diócesis.


330 judíos escondidos en conventos

Siguiendo las indicaciones del cardenal, más de 21 conventos e institutos religiosos (sin contar las parroquias) abrieron sus puertas ofreciendo refugio a más de 110 judíos italianos y 220 extranjeros.


Las Hermanas Franciscanas Misioneras de María, en su convento de la Plaza del Carmen, respondieron al llamamiento. Ochenta madres con sus niños muy pequeños fueron acogidas.


Se escondieron en las celdas del convento. En silencio. En el recíproco respeto de las costumbres religiosas convivieron y compartieron esos espacios de vida.


Todo esto fue posible gracias al valor de la madre superiora, sor Ester Busnelli, reconocida Justa entre las Naciones por Yad Vashem en 1995.


Entre las mujeres refugiadas se encontraba la esposa del rabino jefe de Génova, Wanda Abenaim Pacifici. Sus dos hijos fueron acogidos una noche y al día siguiente fueron escondidos en otro monasterio de Florencia, pues en el de las Hermanas Franciscanas, que acogía a la mamá, sólo vivían mujeres. La presencia de hombres o niños les delataría ante los nazis.


Las Hermanas de la Plaza del Carmen arriesgaban la vida en todo momento. Sabían muy bien que los alemanes castigaban despiadadamente a quien ayudaba a los judíos para impedir que fueran apresados. Las refugiadas y las religiosas vivieron dos meses sin hacer ruido.


A veces se escondían en las cantinas. Convivían con el miedo constante de la irrupción de las fuerzas italianas o alemanas o a ser delatadas por un espía. La furia nazi avanzaba con cada vez más fuerza.


Cuando los nazis entraron al convento

Luego llegó la noche de la razia. Era el 27 de noviembre, alrededor de las 3 de la mañana. Una patrulla de unos treinta SS, ayudados por milicianos fascistas, entraron por la fuerza en el convento.


Revisaron habitación por habitación, gritando en alemán: “¡Levántense!”. Lograron apresar a muchas de las mujeres con sus hijas o bebés y llevarlas al gran salón del teatro.


Dos mujeres se salvaron pues se escondieron de bajo de la cama de una religiosa enferma. Cuando los soldados entraron en su habitación, la monja gritó: “¡Contagiosa! ¡Contagiosa!”. Los SS no se atrevieron a entrar por miedo a quedar contagiados.


Una muchacha judía, Lea Lowenwirth-Reuveni, se ofreció como traductora en alemán y francés, y logró liberar a muchas mujeres, haciendo creer a los nazis que eran mujeres húngaras, que no tenían documentos.


En total, se salvaron unas treinta mujeres y niñas.


En medio del caos, una mujer que había sido capturada con su bebé en brazos, Isaac, lo dejó caer con cuidado a los pies de una religiosa. La monja le cubrió con las faldas de su hábito, salvándole la vida. Hoy ese bebé es un padre de familia que vive en Israel y que en una ocasión ha venido con sus hijos a Florencia para dar gracias a las religiosas.


Las que murieron en Auschwitz

Las mujeres deportadas primero fueron encerradas en las cárceles de Florencia y después conducidas a Verona. Por último, fueron deportadas al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, de donde nunca más salieron.


En aquel lugar de exterminio, Wanda se encontró con su marido, el rabino Riccardo. Allí ambos perdieron la vida.


Su nieto, el hijo del niño salvado por las religiosas en Florencia, se llama Riccardo, y hoy es el presidente de la Comunidad Judía de Roma.


En la ceremonia de entrega de la placa que conmemora la obra de las Hermanas Franciscanas de Florencia, el 19 de noviembre, participaron la religiosa que sucedió como superiora a la madre Ester, sor Vera Pandolfi, el rabino jefe de Florencia, Joseph Levi, y la presidente de la Comunidad Judía de Florencia, Sara Cividalli, cuyos seres queridos fueron escondidos a pocos metros de ese monasterio.


“Este acto es un mensaje que nos sirve para el presente —dijo en la ceremonia el rabino Levi–. Tenemos que seguir reflexionando y divulgando una cultura que educa y que logra crear otro tipo de humanidad. Pueden darse conflictos, desacuerdos, pero no nos deben llevar nunca a superar el límite del ser humano. Esto sucedió durante el Holocausto. La violencia fue legitimada con mil motivos. Esto no tiene que suceder nunca más. Y nosotros estamos aquí para dar este mensaje a toda la humanidad, todos, creyentes de todas las religiones”.



Año de la vida consagrada

Coincidiendo con el primer domingo de Adviento, iniciamos en toda la Iglesia, convocado por el Papa Francisco, el Año de la Vida Consagrada para conocer mejor, amar y valorar más la Vida Consagrada y para elevar a Dios nuestra plegaria por todas aquellas personas que siguen este camino de perfección evangélica dentro de la Iglesia y para pedir a Dios que suscite vocaciones a la vida consagrada y le conceda a su Iglesia y a la humanidad entera abundantemente este don inmenso que es la vida de especial consagración a Dios.

Nuestra sociedad tiene necesidad de hombres y mujeres, que, en una vida consagrada, den testimonio de Dios vivo ante un mundo que lo niega u olvida; que afirmen con sus vidas y su palabra, sin rodeos, el amor de Dios a todos y a cada uno; que muestren los más altos valores espirituales, a fin de que a nuestro tiempo no falte la luz de las más altas conquistas del espíritu; que nos traigan a la memoria algo que solemos olvidar fácilmente: que en el mundo venidero «Dios lo será todo en todos». Vidas de hombres y mujeres consagradas son una de las señales más elocuentes de la presencia y soberanía de Dios en este mundo y de la libertad de sus hijos.


Nuestro mundo, tan cerrado sobre sí mismo a Dios, necesita como nunca de estos testigos. Sin ellos podrían cerrarse todos los portillos por donde la luz entra en nuestro mundo. Este Año que la Iglesia dedica de manera especial a la vida consagrada debería contribuir a mostrarnos la riqueza inmensa que es para todos, particularmente la Iglesia, el don de la vida consagrada: la encontramos en los claustros, con una vida escondida con Cristo en Dios, orando, alabando a Dios mostrándonos a Dios en el centro y diciéndonos que quienes tienen a Dios lo tienen todo, viven la alegría contagiosa y llena de felicidad por tener a Dios aunque vivan la extrema pobreza, viven las bienaventuranzas y practican el evangelio de la caridad. La vida consagrada la encontramos en los hospitales, atendiendo a los enfermos, o en las residencias de atención a los ancianos, a los que viven solos o a los discapacitados; la encontramos sirviendo a los pobres más pobres del mundo; la encontramos en los países o lugares más últimos de la tierra donde nadie o poquísimos van o se atreven a ir, ayudando, humanitituye zando, cuidando a emigrantes y desprotegidos, o en la marginación y en las zonas de exclusión; la encontramos en los colegios y centros de enseñanza, en la universidad o los nuevos areópagos de la cultura, en el mundo de la educación de niños y jóvenes, desviviéndose por los demás; la encontramos en las misiones anunciando a Jesucristo, el Evangelio de la caridad, de la alegría y la esperanza, en las periferias existenciales portando consuelo, curación,...


En esos lugares nos están diciendo dónde está Dios: sufriendo con el que sufre, compartiendo la pobreza, en cualquier necesitado de misericordia, llevando alegría a los tristes y desconsolados, dando testimonio de que los pobres son evangelizados... Y ahí muestran que Dios es, que Dios existe, que Dios es amor. ¡Cuánta generosidad, cuánta renuncia a sí mismos, cuánta misericordia, cuanto servicio!, por amor de Dios que es inseparable del amor al hermano; ¡grande y extensa su presencia! La Iglesia y el mundo serían otros sin la vida consagrada.


Necesitamos conocer más y mejor la vida consagrada, quererla y valorarla muchos más, ayudarla y apoyarla. No se la conoce suficientemente y por eso no se la ama ni se la aprecia, busca o sigue como sería necesario. Y, sin embargo, es algo que nos afecta profundamente, tanto que está en el corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión, cons tituye un don precioso y necesario para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque pertenece íntimamente a su vida, a su santidad y a su misión, al tiempo que indica la naturaleza misma de la vocación cristiana y la aspiración de toda la Iglesia a la unión con su Señor. A lo largo de los siglos, gracias a Dios, nunca han faltado hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y al Espíritu, han elegido este camino de especial consagración a Dios viviendo fielmente los consejos evangélicos, es decir, siguiendo a Cristo pobre, virgen y obediente, y dedicándose a Él con un corazón indiviso. Su radicalidad evangélica en el don de sí mismos por amor al Señor Jesús y, en Él, a cada miembro de la familia humana; su entrega y servicio fraterno a los más pobres y abandonados; su dedicación a la oración por toda la Iglesia y por todos los hombres; su consagración a la obra de evangelización, donde han llevado a cabo gestas admirables; y tantos otros y fundamentales aspectos de la vida consagrada hacen que miremos esta forma de vida con reconocimiento, admiración y gratitud.


Necesitamos la vida consagrada; necesitamos conocerla y darla a conocer entre todos los miembros del Pueblo de Dios; necesitamos acompañar a quienes han recibido este don y viven conforme a él, con nuestra oración, con nuestro aprecio más sincero, con nuestro apoyo; necesitamos suscitar vocaciones para esta forma de vida.


Y esto porque, además, lo necesitan la Iglesia y los hombres, siempre, pero sobre todo en estos momentos donde se hace tan necesario el testimonio de que sólo Dios, apasionado por el hombre frágil, y su Reino bastan, y donde se experimenta con tanta fuerza la urgencia de comunidades cristianas que sean signo y presencia de la nueva humanidad fraterna y servicial que brota del Evangelio de Jesucristo, de la fe y entrega a Él, y hagan de la evangelización su gozo y su dicha más íntima. Por eso es necesario renovar y revitalizar la vida consagrada.


Como pide y reclama la Iglesia, como lo pidió en el Concilio Vaticano II, como lo ha pedido a través de los Papas últimos –san Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco–, que éste sea un año de renovación, de purificación, de revitalización, de florecimiento y de frutos abundantes de la vida consagrada.


© La Razón



En Mosul los yihadistas usan las iglesias católicas caldeas como prisiones y base de operaciones

Algunas iglesias de Mosul han sido transformadas en lugares de detención por los yihadistas del Estado Islámico (IS), que dictan la ley en la ciudad nord-iraquí desde el pasado 9 de junio.

En particular, según fuentes locales citadas por el sitio de información www.ankawa.com, en los últimos días algunos detenidos vendados y atados abrían sido transferidos a la antigua iglesia caldea de la Inmaculada, en la parte oriental de la ciudad, después de ser detonada la cárcel de Badush.


Fuentes locales refieren a la Agencia Fides que el monasterio de San Jorge, perteneciente a la Orden antoniana de San Ormisda de los caldeos, también ha sido transformado en lugar de detención. Y existe el temor de que en los locales del monasterio las mujeres sufran violencia sexual.


En Mosul, el lunes 24 de noviembre, los milicianos yihadistas del Estado Islámico habían recurrido a los explosivos para dañar el convento de las hermanas caldeas del Sagrado Corazón, precedentemente ocupado y usado como alojamiento y base logística.


“Los yihadistas del Califato - refiere a la Agencia Fides Rebwar Audish Basa, Procurador de la Orden antoniana de San Ormisda de los Caldeos - han ocupado las iglesias, incluidas las más antiguas. Entre las preocupaciones que nos aquejan, se encuentra el temor de que en una posible ofensiva militar para la liberación de Mosul se consideren las iglesias como objetivos a golpear, ya que se han convertido en bases logísticas de los yihadistas. Y, obviamente, la destrucción de iglesias antiguas sería un daño irreparable y una gran pérdida”.


Y en Siria una generación de niños crece en guerra

Mientras tanto, Fides informa también de que en la vecina Siria se calcula que hay 5 millones de niños que necesitan urgentemente ayuda y asistencia humanitaria en Siria, de un total de más de 12 millones de personas en la misma condición.


Debido a la guerra civil, el país cuenta con 7 millones y 600 mil desplazados y más de 3 millones de refugiados en los países vecinos.


Según la ONU, en 2011 la economía de Siria ha sufrido un descenso del 40%. En el país existe una tasa de desempleo del 54%, tres cuartas partes de la población vive en la pobreza y el nivel de asistencia escolar se ha reducido en más del 50%.


Sigue aumentando el número de muertos y heridos entre los sirios y, los que más sufren esta violencia, son los niños. Cada día más y más personas mueren. Con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU de la Resolución, que proporciona acceso a las ayudas humanitarias en las zonas más afectadas, cientos de miles de personas han recibido suministros, pero las zonas sitiadas siguen siendo un gran desafío. Desde que inició el conflicto se han registrado ya 150.000 muertos y más de 680.000 heridos.



«Me preparo para ser párroco; digo a mi madre que las cosas han cambiado desde que ella era clarisa»

Francisco Javier Cuenca es uno de esos cada vez más escasos jóvenes malagueños que optan por cumplir con la vocación de llegar a ser sacerdote.

Este veleño de 24 años, que cumple ya su segundo curso como seminarista, casi tenía motivos desde la cuna para llegar a ser religioso: su madre fue monja hasta poco antes de que naciese.


«Muchas veces le digo de forma simpática: mamá, tú eres la culpable», explica sobre cómo ve su progenitora que se prepare a día de hoy para ser párroco en un futuro.


A sus 24 años de edad, destaca por su capacidad de análisis y la facilidad para atender todas las cuestiones, por polémicas que resulten, acerca de las amenazas y virtudes que planean en la actualidad sobre la Iglesia.


-¿Cuándo descubre usted esta vocación religiosa si tenemos en cuenta que su madre llegó a superar los 30 años siendo monja?

-Ella, por esas circunstancias, me enseñó la fe desde que era chiquitillo. No sé si esta vocación viene en los genes, aunque soy hijo de Paqui, una de las monjas clarisas que durante años hubo en Vélez Málaga.


»Lo que sí tengo claro es que, desde que naces, Dios tiene un proyecto para tí. Después tienes a tu madre, que es ejemplo de fe, y que desde muy niño te enseña lo más básico. No obstante, no es hasta que has madurado cuando ya decides por ti mismo, por voluntad propia, lo que quieres ser. Y en mi caso fui fraile, religioso trinitario, desde los 18 años. Y posteriormente me he incorporado a la Diócesis de Málaga.


-¿En qué momento considera usted que se encuentra la Iglesia con Francisco I como Papa?

-Lo fundamental es que el nuevo Papa ve que la Iglesia tiene que cambiar el lenguaje, ser más testigo. Salir fuera. Benedicto ya lo dijo muy bien: nadie es cristiano por ideología, sino por su encuentro con Cristo. Tenemos que llegar a la gente, ser cercanos.


-Seguro que estará preocupado ante episodios como los que se acaban de denunciar en la vecina provincia de Granada.

-Estos escándalos de pederastia son una vergüenza. Es importante que la Iglesia haya tomado la decisión de ponerlos en manos de la Justicia. Con la premisa de que esas personas no deben ser juzgadas de forma pública, esperemos que puedan ser juzgadas por la justicia y a continuación que la Iglesia tome una decisión.


»Esta forma de actuar es la que ya venía del antecesor del Papa Francisco y es necesaria. No puedes revindicar hacia fuera lo que no haces de puertas adentro. Atajar los problemas es algo muy importante para la Iglesia de hoy.


-¿Qué opina acerca de la falta de vocación que existe para poder renovar el colectivo de sacerdotes en la provincia?

-Aquí en Málaga tenemos párrocos que han sido ejemplo. Es cierto que hay pocas vocaciones, pero es más importante la calidad que la cantidad. Es más importante que sigamos el ejemplo de los que en la provincia se han entregado al cien por cien, que han sido ejemplo claro del mensaje de Cristo, sin tener que preocuparnos demasiado en otras circunstancias.


-Si miramos al pasado, un expárroco como José Luis Torres es a día de hoy alcalde por el Partido Popular en Cómpeta. ¿Considera que un cura puede tomar parte de manera abierta por una formación política, que no era en su momento el caso de José Luis, mientras ejerce de sacerdote?

-El sacerdote tiene una única ideología, que es Cristo. A mi entender no debe de meterse en la política, pero sí conocerla y opinar. Debemos denunciar cuando las cosas no se hacen bien. Otra cosa bien distinta es que no tengas desde un principio la vocación de ser político y la obtengas después.


-Su madre fue monja clarisa, ¿cómo se ve en la distancia lo que consideran como el milagro de las jóvenes religiosas de Lerma?

-Ese fenómeno, el hecho de que de repente hayan entrado bajo una misma congregación tantas mujeres jóvenes, con carreras universitarias y muy formadas, parte de lo que tenemos: un mundo muy mediocre. Cuando descubres que la gente lo deja todo, se entrega radicalmente al Evangelio, es más fácil observar que la realidad es esa.


-¿A qué se dedica hoy por hoy Paqui, su progenitora?

-Después de ser monja de clausura, permaneció como catequista hasta después de nacer yo y hoy en día es educadora en una guardería. Hablamos mucho sobre mi formación como párroco y le tengo que aclarar con frecuencia que la Iglesia ha cambiado mucho desde que ella dejó de ser clarisa. Todo ha evolucionado y la Iglesia, también. Lo que se ha mantenido igual es la vocación. Pero el acompañamiento a la misma sí que ha cambiado. Por ejemplo, algo que no existía antes es el acompañamiento psicológico, muy importante en el Seminario actual.


-¿Cómo se vive desde dentro al transformación que experimenta su centro formativo?

-El Seminario de Málaga tenía un edificio muy antiguo, que se remonta en sus orígenes a 1927. Consta de tres edificios y las obras no afectan al lugar en el que estoy formándome. Pero quiero remarcar, sobre todo, que son obras necesarias por la antigüedad que tenía el edificio.


-¿Cuáles fueron sus primeros pasos en la parroquia del lugar donde creció?

-Vengo del ámbito de la nueva iglesia de San José, donde el párroco José Antonio García Carrasco, también fue determinante para que a día de hoy yo estuviese formándome para poder ser sacerdote dentro de pocos años.



mardi 2 décembre 2014

El "complot" del Card. Kasper (y otros cardenales) del que resultó elegido Papa el Card. Bergoglio



El 23 de noviembre el diario británico The Sunday Telegraph publicaba en la página 16 un scoop extraído de un libro sobre el Papa Francisco: cuatro cardenales habrían orquestado una campaña para elegir sucesor de san Pedro al arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio. Se adereza el reportaje diciendo que las predicciones de «papables» para el Cónclave de 2013 apuntaban a los cardenales Angelo Scola y Marc Ouellet y se hacen alusiones a por qué Bergoglio no fue elegido en el cónclave de 2005


El autor del libro en el que se basa el artículo del Sunday Telegraph llama a los cuatro cardenales «Team Bergoglio». El trabajo de ese equipo, según el autor del libro, fue asegurar «el asentimiento de Bergoglio. Cuando le preguntaron si estaba dispuesto, él dijo que creía que en este momento de crisis para la Iglesia ningún cardenal podía negarse si se lo pedían». Y según la fantaciencia del escritor los cardenales «se pusieron a trabajar, recorriendo las cenas de los cardenales para promover a su hombre, con el argumento de que su edad -76- no debería ya considerarse como un obstáculo, dado que los papas podían renunciar».


Unos días después uno de los cardenales implicados por el autor del libro, Card. Murphy O´Connor, escribía al Daily Telegraph por medio de su secretaria de prensa: «[el cardenal] no hizo en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio, por parte suya o, hasta donde él sabe, por ningún otro cardenal para buscar su asentimiento para convertirse en un candidato para el papado».











Página 16 del Sunday Telegraph con el reportaje

sobre el "team Bergoglio".

El hecho ha tenido sus ecos especialmente en la prensa de lengua inglesa. Interrogado por este tema, el portavoz de la sala de prensa de la Santa Sede declaró:


«En un libro de reciente publicación sobre el Papa Francisco, escrito por Austen Ivereigh y salido en inglés con el título «The Great Riformer. Francis and the Making of a Radical Pope», se afirma que en los días precedentes al Cónclave cuatro cardenales (Murphy O’Connor, Kasper, Daneels e Lehmann) «aseguraron el consenso» del Card. Bergoglio («They first secured Bergoglio’s assent») a su eventual elección, y después «se pusieron a trabajar» («then they got to work») con una campaña para la promoción de su elección.


Puedo declarar que los cuatro cardenales antes mencionados niegan explícitamente esta descripción de los hechos, sea por cuanto toca la petición de un consenso previo del Card. Bergoglio, sea por cuanto toca a la realización de una campaña para su elección, y desean que se sepa que están sorprendidos y contrariados por cuanto se ha publicado».


Que el padre Lombardi, portavoz del Vaticano, haya desmentido el hecho no puede darse por descontado ni minimizarse visto que la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, del 22 de febrero de 1996, prohíbe campañas como las imaginadas (y por algunos creídas) por el autor de «The Great Riformer. Francis and the Making of a Radical Pope».



Velamos porque estamos esperando


Las dos últimas semanas del tiempo Ordinario y la primera semana de Adviento repiten insistentemente, en las lecturas bíblicas, las oraciones, prefacio y preces de Laudes y Vísperas, "velad", "vigilad".


Este es un concepto muy cristiano: vigilamos, velamos, porque estamos atentos a que Cristo venga, a que Cristo vuelva en su gloria, a que Cristo se manifieste día a día en la historia de nuestra vida.



Se vigila, se está velando despierto, se mira por la ventana con inquietud si se aguarda a que llegue alguien que nos importa, a quien queremos; si no es así, nos da igual sialguien viene o no, no nos provoca ningún deseo, permanecer apaciblemente sentados.


La vigilancia, el velar por la noche aguardando, tiene que ver con el deseo y la esperanza: el deseo de Cristo, la esperanza en Él sabiendo que cumple sus promesas y que es Fiel.



"Considero que la palabra ´velar´, empleada por nuestro Señor y más tarde por su discípulo preferido y por los dos grandes apóstoles Pedro y Pablo, es una palabra extraordinaria; extraordinaria porque la idea no es tan evidente como podría parecer a simple vista, y además porque todos insisten en ello. No sólo debemos creer, sino velar; no sólo amar, sino velar; no sólo obedecer, sino velar. Velar, ¿para qué? Para ese gran acontecimiento, la venida de Cristo... La mayoría de nosotros tiene una idea general de lo que se entiende por creer, temer, amar y obedecer, pero quizá no meditamos suficientemente ni comprendemos lo que se entiende por velar" (Newman, PPS IV 22, 321-322).



La señal esencial del cristiano es buscar a Cristo, constantemente en su búsqueda, y para ello es necesario velar, vigilar. Un cristiano adormecido, despistado, con una sensibilidad embotada, difícilmente busca a Cristo y menos aún percibe los signos de Cristo porque no está velando. Rezar y velar dan consistencia al cristianismo.


Sabemos -lo leeremos en Adviento- de tres venidas del Señor: en su Encarnación, al final de los tiempos y ahora, la venida intermedia, a nuestros corazones (Sacramentos, Palabra, signos), por eso, junto a la acción, al trabajo, al apostolado, hay que sumar siempre la interioridad, la vigilancia, el escudriñar los signos de esa venida del Señor. ¡Descubrir su Presencia!, porque el deseo del corazón es la Presencia de Cristo y la esperanza nos sostiene en la espera y en el deseo.


Más aún, algunos definen la oración como "el arte de estar atento", para que el corazón despierto y con las lámparas encendidas aguarde a Cristo.



"Ahora bien, ¿qué es velar? Creo que se puede explicar de esta manera: ¿sabes lo que uno siente en la vida normal cuando está esperando a un amigo, esperando a que llegue, y éste tarda?... ¿Sabes lo que es tener un amigo en un país lejano, estar esperando noticias de él y preguntarse día tras día lo que estará haciendo ahora y si estará bien?... Velar a la espera de Cristo es un sentimiento análogo a éstos, en la medida en que los sentimientos de este mundo pueden darnos una imagen de los del otro" (Newman, PPS IV 20, 322-323).



Nosotros, cristianos, con nuestras lámparas encendidas (fe, esperanza, caridad), damos un testimonio de luz al mundo. Velamos y esperamos porque Cristo es el único que colma el deseo del hombre. Los demás podrán interrogarse al vernos así, esperanzados, orantes, mientras velamos en la noche de la historia.



Quien me administró la Confirmación



Era acólito de la parroquia de San Juan y San Pedro. Durante la visita pastoral de aquel año recibí el sacramento de la Confirmación. Quien me la impartió está en la fotografía: el obispo don Félix Romero Mengibar.


Era un cordobés nacido en Priego de Córdoba, donde nació en 1901. Estudió en el Seminario de San Pelagio, ordenándose en 1926. Fue canónigo de la catedral cordobesa, de donde partió a ser obispo de Jaén, en el año 1954.


Laboró mucho en la diócesis, participó en el Concilio Vaticano II, hasta que en el verano de 1970, fue elevado como arzobispo de Valladolid, donde murió en 1974.


Está sepultado en una capilla de la catedral de la capital castellana, cuya losa mortuoria está tapada con una alfombra, allí espera la resurrección final.


En el momento en que me impartió el sacramento de la Confirmación recuerdo sus palabras: "Me han dicho que deseas entrar en el Seminario, hazlo y nunca mires para atrás, como dice el Señor en el evangelio".


Descanse en paz. Fue un buen pastor de su época.


Tomás de la Torre Lendínez