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mardi 2 décembre 2014

Retorno al 36


La presencia testimonial de los mineros en el devastado mapa laboral impide determinar si los movimientos sociales que se producen en España preludian o no el retorno del 36. Me faltan datos para comparar la revolución de Asturias con el llamamiento de Podemos a tomar la calle, que es tierra de nadie desde que Fraga la cedió en usufructo a la democracia. Me faltan también datos para saber si los ataques a la Iglesia desembocarán en quema de conventos o bien llevarán la impronta socialdemócrata de quienes ponen en cuestión el concordato sin poner patas arriba el templo.

Lo que sí sé es que las dos Españas se miran de frente con cara de pocas amigas. Desde luego, si no pretenden reeditar Belchite, lo disimulan de pena. La mitad de la población movilizada entiende que la venganza, el programa de gobierno del nuevo movimiento político, es un buen punto de partida para acabar con el estatus quo, mientras que la otra mitad advierte de que esas nos son formas. Lo curioso es que por ahora ambas mitades no han llegado a la manos, algo inusual en un país tan propenso a la bronca que considera que aplicar la ley del Talión es estar en paz, cuando ésta, en el mejor de los casos, implica para el damnificado un ojo de cristal y un diente de oro.




El Papa y representantes de diversas religiones firman una alianza contra la trata y la esclavitud

El Papa Francisco junto a líderes de diversas confesiones religiosas han firmado durante una ceremonia realizada este martes en el Vaticano, un compromiso contra la esclavitud moderna, que pone como fecha para su erradicación el año 2020.

Se entiende por esclavitud moderna, el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos y la trata de personas y la iniciativa acogida de la Global Freedom Network y la Walk Free Foundation se realiza en la Casina Pio IV, sede de la Pontificia Academia de las Ciencias.


En la sala de conferencia, además del papa Francisco se encontraban diversos líderes religiosos del mundo, cristianos, ortodoxos, budistas, hindúes y judíos.


Entre ellos se destacaron la hindú Mata Amritanandamayi (Amma); Bhikkhuni Thich Nu Chan Khong, representanto al maestro zen Thích Nhất Hạnh; el jefe religioso de Malaysia, Datuk K Sri Dhammaratana; el rabino Abraham Skorka, el rabino David Rosen, del Comité Judío Americano.


También presentes Abbas Abdalla Abbas Soliman, subsecretario de Estado de Al Azhar Alsharif (representante de Mohamed Ahmed El-Tayeb, gran imán de Al-Azhar); el gran ayatolá Mohammad Taqi al-Modarresi Sheikh Naziyah Razzaq Jaafar, representante del gran ayatolá Sheikh Basheer Hussain al Najafi Sheikh Omar Abboud; el reverendo Hon Justin Welby, arzobispo de Canterbury, y el metropolita Emmanuel de Francia, representando al patriarca ecuménico Bartolomé, entre otros.


“Los aquí firmantes -indica la declaración- estamos reunidos hoy aquí en pro de una iniciativa histórica, que tiene por objeto inspirar a todos los credos y a las personas de buena voluntad de todo el mundo a llevar adelante acciones tanto espirituales como prácticas con el fin de llegar al año 2020 habiendo erradicado las formas modernas de esclavitud de una vez y para siempre y en todo el Planeta”.


Añade que: “A los ojos de Dios, cada ser humano, sea niña, niño, mujer o hombre, es una persona libre, y está destinado a existir para el bien de todos en igualdad y fraternidad. Las formas modernas de esclavitud, tales como la trata de personas, el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, y toda relación que no respete la convicción fundamental de que todas las personas son iguales y tienen la misma libertad y la misma dignidad, constituye un delito grave de lesa humanidad”.-


“Nos comprometemos -indica el documento- a hacer todo lo que esté a nuestro alcance dentro de nuestras comunidades de fe y más allá de ellas para trabajar juntos, en pro de la libertad de todos los que son víctimas de la esclavitud y la trata de personas, y en aras de la recuperación de su futuro”.


Y concluye indicando que “hoy contamos con la posibilidad de poner nuestra conciencia, nuestra sabiduría, nuestra innovación y nuestra tecnología al servicio de la concreción de este imperativo humano y moral”.


Los líderes firmantes se comprometen a impulsar entre sus comunidades programas para combatir la esclavitud y la trata de personas, a crear conciencia sobre el tema entre los jóvenes o las familias, escuelas y universidades.


Será enviado también a 50 grandes multinacionales la propuesta para que se pueda garantizar que en sus empresas no haya esclavitud y trata de personas.


La invitación se extiende a 162 gobiernos, con el objetivo de que 30 jefes de Estado apoyen públicamente este acuerdo antes de finales de año. Además se pedirá al grupo de países que forma el G20 que apoyen el acuerdo.


La Global Freedom Network es una red mundial inspirada en los diversos cultos cuya visión y propósito consisten en erradicar las formas modernas de esclavitud y la trata de personas en todos los rincones del mundo y para siempre.


Dicha iniciativa fue lanzada el 17 de marzo de 2014 en el Vaticano. El Memorándum de acuerdo y la Declaración conjunta que crearon la Global Freedom Network fueron suscritos por representantes de la Casina Pío IV, el Palacio Lambeth, la Mezquita de al-Azhar y la Walk Free Foundation.


Seis pasos contra la trata y esclavitud

La Global Freedom Network ha delimitado seis ámbitos de acción para cumplir con su misión:


1) movilizar a las comunidades de fe,


2) verificar las cadenas de suministros para promover el cumplimiento de normas éticas a la hora de realizar compras y contrataciones,


3) mejorar la atención a las víctimas y a los supervivientes,


4) propugnar reformas legislativas y el efectivo cumplimiento de las leyes,


5) facilitar y fomentar la educación y la concienciación,


6) y conseguir la financiación necesaria a fin de cumplir con esta labor.


Lea también: Cuando la mayoría de los esclavos en América del Norte eran blancos y católicos



Un año más, vuelve el gigantesco árbol de Navidad a la frontera de la Corea atea y comunista

Después de meses de polémica y de recursos judiciales, el gobierno de Corea del Sur concedió al Consejo Cristiano de Corea permiso para construir un enorme árbol de navidad en la cima de Aegibong, una colina de 165 metros de alto junto a la frontera con Corea del Norte, un régimen ferozmente ateo y comunista donde están prohibidos los símbolos navideños.

El árbol metálico y la cruz que está en su cima serán visibles por la población norcoreana que vive hasta unos 10 km de distancia de la frontera.


El ministerio de Defensa de Seúl garantizó "protección" a los fieles cristianos que se reunan para la ceremonia del encendido de las luces.


La estructura será de dimensiones aún no claras, "entre los 9 y los 35 metros de altura".


Seúl todavía no decidió si conceder o no al grupo cristiano reponer el árbol original, altísimo, demolido en noviembre, después de 43 años.


Para los funcionarios del gobierno surcoreano de Park Geun-hye, la destrucción del viejo árbol fue "motivada por razones de seguridad". La estructura era vieja y deteriorada.


"No hemos decidido aún, si el nuevo podrá ser tan alto como el original o si tendrá dimensiones menores".


El encendido está prevista para el 23 de diciembre, cuando los miembros del Consejo se reunirán para una función religiosa y el canto de villancicos navideños. El árbol permanecerá encendido y visible por dos semanas.


Construido en 1971- en pleno antagonismo entre las dos Coreas- la enorme estructura fue encendido en fases alternas, siguiendo las políticas de vez en vez, distendidas o provocativas del gobierno de Seúl en relación con el régimen.


En el año 2004, con mucha publicidad, Seúl declaró que el árbol "no sería más iluminado "porque" se había encontrado un acuerdo" con Pyongyang.


Sin embargo en el 2010, después del hundimiento de la corbeta sud-coreana Cheonan, en el cual murieron 43 personas, volvieron las luces navideñas.



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lundi 1 décembre 2014

Educar en valores: ¿qué valores?

En su Encíclica Caritas in veritate Benedicto XVI escribe: “Con el término ‘educación’ no nos referimos sólo a la instrucción o a la formación para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formación completa de la persona. A este respecto, se ha de subrayar un aspecto problemático: para educar es preciso saber quién es la persona humana, conocer su naturaleza. Al afianzarse una visión relativista de dicha naturaleza plantea serios problemas a la educación, sobre todo a la educación moral, comprometiendo su difusión universal. Cediendo a este relativismo, todos se empobrecen más” (nº 61). Es por tanto de suma importancia comprender sobre qué valores ha de basarse la educación.

Siempre he creído que la Biblia, y en especial el Nuevo Testamento, es una fuente inagotable de tesoros espirituales, Pero también en las oraciones de la Iglesia encontramos una gran riqueza espiritual, como sucede en el Prefacio de la Misa de Cristo Rey, en el que hay una descripción de los valores en los que consiste el Reino de Dios. Dice así el trozo que nos interesa ahora: “Sometiendo a su poder la creación entera, entregará a tu majestad infinita, un reino eterno y universal: el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”. Podemos decir que éstos son los valores cristianos.


Está claro que a la hora de educar no es lo mismo ser creyente o no creyente. Creemos que Dios existe, que se ha hecho hombre y ha resucitado y nos espera, como dice el Credo, la vida eterna. El convencimiento de que la muerte inaugura una nueva vida se basa en que el Reino de Dios es un reino eterno, que nunca acabará ni desparecerá, como nos dice Daniel 7,14, y además es universal, es decir está abierto a todos los hombres de todos los tiempos y naciones. Pero es también un reino de santidad “al que todos los fieles cristianos, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (Lumen Gentium nº 40), y de gracia, que Dios ciertamente no nos regatea, pero que debemos adquirir recurriendo a los sacramentos y cooperando con el Espíritu Santo.


Sobre la gracia hay que decir además que existe una estrecha relación entre libertad y gracia. No hace mucho alguien, en polémica conmigo, escribía: “No creo en la castidad, la masturbación la anula, práctica habitual en los célibes; la sexualidad es innata en el ser humano”. Le respondí que la sexualidad es innata en el ser humano, pero puesta al servicio del amor nos lleva a altísimas cotas de realización personal. Creo en la libertad del hombre y que, por tanto, no somos monos esclavizados por nuestras pasiones e instintos, si bien para lograrlo necesitamos la ayuda de Dios y de su gracia. En efecto leemos en el Nuevo Testamento: “Les prometen libertad, ellos, los esclavos de la corrupción: pues, cuando uno se deja vencer por algo, queda hecho su esclavo” (2 P 2,16).


El problema es que si uno no cree en Dios, como esa persona dice de sí misma, no pide la gracia y en consecuencia no tiene ni la gracia ni la libertad. Que esa persona renuncie a ser libre, ése es su problema, pero por mi parte lo que no estoy dispuesto a aceptar, porque lo considero un insulto a Dios y a mí, es que yo y muchos otros no somos seres humanos libres. Creo en la libertad y, en consecuencia, en la responsabilidad. Ahora bien soy cada vez más consciente que el rechazo deliberado de Dios lleva al desastre, porque al prescindir de Dios y, por tanto, del Ser Supremo queda la puerta abierta al totalitarismo y a la negación de la Libertad, como lo prueban las experiencias nazis y comunistas del siglo pasado, y en nuestro siglo aberraciones como La Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, que, no nos olvidemos, no es sólo la ley del aborto, sino también la ley de la perspectiva de género.


Resumiendo, el Reino de Dios es un reino eterno y universal, de santidad y gracia, basado en valores permanentes. Próximamente me referiré a los otros valores: verdad, vida, justicia, amor y paz.



Creador de la Facultad de Granada


Se cumplen 75 años de la fundación de la Facultad de Teologia de Cartuja en Granada. El día tres habrá una misa conmemorativa en la catedral de la capital de los cármenes.


¿Quien fue el artífice de esa Facultad?


Nada menos que un cardenal de la Santa Iglesia Romana: don Agustín Parrado García, a la sazón arzobispo de Granada hace setenta y cinco años.


Don Agustín había nacido en Fuensaldaña, provincia de Valladolid, el 5 de octubre de 1872. Estudió en el seminario de la diócesis vallisoletana. Estuvo como cura de Rueda, profesor del seminario de su diócesis, pero su inquietud le llevó a Astorga y Salamanca, de cuya facultad de teología llegó a ser decano.


Elegido obispo de Palencia, llegó a Granada en plena II República como arzobispo. Allí comprobó que la Guerra Civil diezmó a muchos obispos y curas de la archidiócesis, de los cuales bastantes están en los altares.


Durante los años bélicos pidió a Roma que le concedieran la creación de un centro de estudios teológicos para formar a todo el clero de la provincia eclesíastica. Aquí estuvo el germen de la Facultad de Teología que ahora cumple 75 años.


En octubre de 1939, colocando en manos de la Compañia de Jesús toda la docencia, comenzó su historia la Facultad de Teologia.


Hoy los jesuitas son los que dirigen todo el amplio campo educativo que llevan adelante en la Iglesia de Andalucía Oriental.


Pero el mentor fue un cura de Valladolid, obispo y cardenal, que descansa en la iglesia de Gracia, del Seminario Menor de Granada, donde murió en 1946.


Tomás de la Torre Lendínez



Carta papal en el Año de la Vida Consagrada: ¡aprecia el pasado, vive el presente, abraza el futuro!

¡Despierten al mundo! Es la exhortación del Papa Francisco en la Carta dirigida al mundo de los consagrados y de las consagradas en la vigilia de la inauguración del Año de la Vida Consagrada que inicia el domingo 30 de noviembre, I domingo de Adviento.

El Pontífice ha anunciado este año especial en ocasión del 50° aniversario de la Constitución dogmática Lumen Gentium , que trata de los religiosos en un específico capítulo.


La carta del Papa a los consagrados y consagradas enumera los objetivos, las expectativas y los horizontes del Año de la Vida Consagrada, que se concluirá el 2 de febrero 2016 y se inspira en las indicaciones contenidas en la Exhortación Vita Consecrata de San Juan Pablo II.

Francisco indica tres objetivos a los consagrados y consagradas en la realización de la propia vocación.


En primer lugar, “mirar al pasado con gratitud”, para tener viva la propia identidad, sin cerrar los ojos de frente a las “incoherencias, fruto de las debilidades humanas - afirma el Papa - y quizás también del olvido de algunos aspectos esenciales del carisma”.


El segundo objetivo es el de “vivir el presente con pasión”, viviendo el Evangelio en plenitud y con espíritu de comunión.


El tercero, “abrazar el futuro con esperanza”, sin dejarse desalentar por las tantas dificultades que se encuentran en la vida consagrada, a partir de la crisis de las vocaciones.


Dirigiéndose a los más jóvenes, el Papa los invita a no ceder a la tentación de los números y de la eficiencia, todavía menos a aquella de confiar exclusivamente en las propias fuerzas.


“La fantasía de la caridad – recalca el Pontífice – no conoce límites y tiene necesidad de entusiasmo para llevar el soplo del Evangelio a las culturas y a los más diversos ámbitos sociales. De hecho, saber transmitir la alegría y la felicidad de la fe vivida en la comunidad hace crecer a la Iglesia por capacidad de atracción. Es el testimonio del amor fraterno, de la solidaridad, del compartir el dar valor a la Iglesia”.


Una Iglesia que debe ser una fábrica de poetas y, como tales, capaces de escrutar la historia en la cual viven y de interpretar los acontecimientos, denunciando el mal del pecado y las injusticias.


Francisco no se espera que los consagrados mantengan vivas “utopías” sino que sepan crear “otros lugares” en donde se viva la lógica evangélica del don, de la fraternidad, de la diversidad, del amor recíproco.


El lugar ideal para que esto suceda son las comunidades del Instituto del cual se es parte y que no debe reducirse a una realidad aislada.


Es más, el Papa desea precisamente que “este Año de la Vida Consagrada sea ocasión de una más estrecha colaboración entre las diferentes comunidades - también de Iglesias diferentes - en la acogida de los refugiados, en la cercanía a los pobres, en el anuncio del Evangelio, en la iniciación a la vida de oración”.


En la carta a los consagrados y a las consagradas el Papa Francisco no olvida el importante rol de los laicos que con los consagrados comparten ideales, espíritu y misión. De ahí la última exhortación contenida en la carta, reservada a los hermanos en el episcopado para que sean atentos en el promover, en las respectivas comunidades, los distintos carismas, apoyando, animando y ayudando en el discernimiento “para hacer resplandecer la belleza y la santidad de la vida consagrada en la Iglesia”.