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lundi 1 décembre 2014

El Papa anima a jóvenes refugiados en Estambul: pide más «convergencia internacional» en su favor

El Papa Francisco ha vivido uno de sus encuentros más emotivos poco antes de concluir su viaje a Turquía antes de tomar el avión que lo lleva de regreso a Roma.

Ha sido a las cuatro de la tarde del domingo, durante la visita que ha realizado a un grupo de niños y jóvenes del Oratorio de la Comunidad Salesiana, chicos refugiados de Turquía, de Siria, Irak y de varios países de Medio Oriente y de África, en los jardines de la Residencia Pontificia.


[Turquía acoge aproximadamente 1,6 millones de refugiados llegados de Siria e Irak. Muchos otros se han refugiado en Jordania y Líbano. Nota de ReL]


El Santo Padre les ha pedido que “no se desanimen” y aseguró que “con la ayuda de Dios, sigan esperando en un futuro mejor a pesar de las dificultades y los obstáculos”.


Ante, la atenta mirada los niños afirmó estar esperando ese momento y expresó “mi participación en el sufrimiento” y su “consuelo”.


“Esta es la triste consecuencia de conflictos exasperados y de la guerra, que siempre es un mal y nunca es la solución a los problemas, sino que más bien crea otros”, dijo.


Francisco aseguró luego que los refugiados “se encuentran a menudo carentes de los bienes primarios: vivienda digna, asistencia sanitaria, educación, trabajo”, pero sobre todo tuvieron que abandonar “la libertad, la cercanía de los familiares, su entorno de vida y las tradiciones culturales”.


Para el Papa, “las condiciones degradantes en las que muchos refugiados tienen que vivir son intolerables”, por lo que llamó a “resolver los conflictos que ensangrientan sus tierras de origen, para contrarrestar las otras causas que obligan a la personas a abandonar su patria y promover las condiciones que les permitan quedarse o retornar”.


El Santo Padre agradeció la labor de muchas organizaciones a favor de los refugiados, y en particular de los católicos “que ofrecen ayuda generosa a tantas personas necesitadas sin discriminación alguna”.


Texto completo de las palabras del Papa a los niños y jóvenes refugiados con los salesianos:

Queridos jóvenes

He deseado mucho este encuentro con ustedes. Quería encontrar también a otros refugiados, pero no ha sido posible hacerlo de otro modo. Ustedes proceden de Turquía, Siria, Irak, y de otros países del Medio Oriente y de África.


Están aquí en representación de cientos de sus coetáneos, muchos de ellos refugiados y desplazados, asistidos cotidianamente por los Salesianos. Quiero expresar mi participación en su sufrimiento y espero que mi visita, con la gracia del Señor, pueda darles un poco de consuelo en su difícil situación. Esta es la triste consecuencia de conflictos exasperados y de la guerra, que siempre es un mal y nunca es la solución de los problemas, sino que más bien crea otros.


Los refugiados, como ustedes, se encuentran a menudo carentes, a veces durante mucho tiempo, de los bienes primarios: vivienda digna, asistencia sanitaria, educación, trabajo. Tuvieron que abandonar no sólo bienes materiales, sino, principalmente, la libertad, la cercanía de los familiares, su entorno de vida y las tradiciones culturales.


Las condiciones degradantes en las que muchos refugiados tienen que vivir son intolerables. Por eso es preciso hacer todo esfuerzo para eliminar las causas de esta realidad.


Hago un llamamiento para una mayor convergencia internacional para resolver los conflictos que ensangrientan sus tierras de origen, para contrarrestar las otras causas que obligan a las personas a abandonar su patria y promover las condiciones que les permitan quedarse o retornar.


Aliento a todos los que están trabajando generosa y lealmente por la justicia y la paz a no desanimarse. Me dirijo a los líderes políticos para que tengan en cuenta que la gran mayoría de sus poblaciones aspiran a la paz, aunque a veces ya no tienen la fuerza ni la voz para pedirla.


Muchas organizaciones están haciendo mucho por los refugiados; me alegra particularmente la obra eficaz de los numerosos grupos católicos, que ofrecen ayuda generosa a tantas personas necesitadas sin discriminación alguna.


Deseo expresar vivo reconocimiento a las autoridades turcas por el gran esfuerzo realizado en la asistencia a los desplazados, especialmente los refugiados sirios e iraquíes, y por el compromiso real de intentar satisfacer sus exigencias. Espero también que no falte el apoyo necesario de la comunidad internacional.


Queridos jóvenes, no se desanimen. Es fácil decirlo, pero hagan un esfuerzo para no desanimarse. Con la ayuda de Dios, sigan esperando en un futuro mejor, a pesar de las dificultades y obstáculos que ahora están afrontando.


La Iglesia Católica, a través de la valiosa labor de los Salesianos, les es cercana y, además de otras ayudas, les ofrece la oportunidad de cuidar su educación y su formación. Recuerden siempre que Dios no olvida a ninguno de sus hijos, y que los niños y los enfermos están más cerca del corazón del Padre.


Por mi parte, junto con toda la Iglesia, voy a seguir dirigiéndome con confianza al Señor, pidiéndole que inspire a los que ocupan puestos de responsabilidad, para que promuevan la justicia, la seguridad y la paz sin vacilación y de manera verdaderamente concreta. A través de sus organizaciones sociales y caritativas, la Iglesia permanecerá a su lado y seguirá apoyando su causa ante el mundo.


Que Dios los bendiga a todos. Recen por mí. Gracias.



Conte, entrenador de la selección italiana, de vuelta a la fe y la misa: «¡Dios me ha dado tanto!»

Nadie se lo esperaba, pero en julio de este año 2014 Antonio Conte de la Juventus, dejaba su cargo. A las pocas semanas, iniciando el mes de agosto, asumía el liderazgo de la selección nacional de fútbol de Italia.

“Se habla demasiado de reactivar el espíritu y luego no se hace nada. Es hora de que empecemos a trabajar con la verdad; no he venido aquí para perder el tiempo".


Es Antonio Conte, el entrenador de la selección italiana de fútbol, quien así indicaba a sus pupilos que no perdería tiempo ni talentos.


Lo dijo ante los medios de comunicación, después del reciente partido amistoso de Italia con Albania, precisando que el esforzarse por dar lo mejor, siempre, es su forma de vida, dentro y fuera de la cancha, como entrenador y como hombre. Pero no es de estrategias, desafíos de campeonatos o sus lícitos anhelos para el mundial en Rusia, que habla en esta entrevista a la revista Credere de la Azzurra, sino de lo fundamental en la vida: su fe.


Partió Conte recordando su natal Lecce, donde el oratorio de la parroquia San Antonio de Fulgenzio fue determinante en su proceso y un refugio, dice, para las tentaciones de la calle.


La fe ayuda a distinguir entre el bien y el mal, a elegir el camino correcto en momentos de dificultad. Como de pequeño mis padres me dieron una educación católica, ahora estoy haciendo lo mismo con mi hija Victoria”, puntualiza.



- Desde Sacchi a Van Basten, muchos entrenadores deben pasar la dura prueba de la ansiedad. ¿Cómo logra usted encontrar claridad y serenidad antes de los partidos?

- Escucho a toda mi familia: papá, mamá, hermanos, esposa e hija. Luego me voy solo a algún sitio y me paso un par de minutos en oración. Pero entiendo a quienes los atrapa la tensión: el entrenador siente toda la presión sobre él. Tenga en cuenta que debe gestionar con jugadores, cuerpo técnico, aficionados... Después de acumular éxito y dinero a veces te preguntas por qué he aceptado tal responsabilidad... Pero sucede que si un equipo te sigue, el campo compensa todas las noches de insomnio.


- ¿Lo normal para usted es agradecer a Dios por lo que tiene o le invoca en la necesidad?

-No suelo invocar así al Señor, sino que le doy las gracias siempre, todas las noches, antes de ir a dormir. Rezo a la Virgen y a todos los santos. También antes de las comidas hago la señal de la cruz para dar las gracias por lo que tengo. Espero poder hacer algo que justifique todo lo bueno que he recibido. ¡Darlo todo, porque Dios me ha dado tanto!


- ¿Sintiendo que tiene mucho, renuncia usted a algo?

- En Cuaresma practico algunas florecillas, pequeñas privaciones de dulces, café y la copa de vino. Puede parecer una tontería, pero para mí renunciar a ello no es fácil.



- Maradona le regaló al Papa su camiseta, ¿Qué le regaló usted al Papa?

- ¡A decir verdad el regalo me lo hizo él! Poco antes de la boda (n.d.e.: recibió el sacramento del matrimonio en junio de 2013) me fui con mi familia a la audiencia y el Papa Francisco nos dio una bendición en un pergamino. Me impactó, pues yo había ido de "pecador", con una hija... y el Papa nos dio la bienvenida de forma sencilla… Está transmitiendo valores muy importantes.


- Si tuviese que alinear un "equipo de la Iglesia", ¿dónde haría jugar a Papa Francisco?

- Adelante de la defensa, donde está el corazón del equipo. Es el rol de quienes tienen que sacrificarse por el equipo.


- ¿Si no fuera un hombre de fútbol, en que se convertiría Antonio Conte?

- Un profesor de educación física. Yo vengo de una familia de deportes y me gusta educar. Todavía me acuerdo de mi profesor, que me llevó a hacer deporte.


- ¿Recuerda cuando hacía de monaguillo?

- Cuando servíamos en la Misa y el párroco debía decidir quién tomaría la vela grande, recuerdo que yo quería ser elegido. Cuando esto sucedía yo estaba feliz, ¡me cambiaba el día! Me gustaba hacer el saludo al sacerdote y orquestar los movimientos de los otros monaguillos.



- ¿Cuáles son los valores con que construyen su familia?

- Yo hablo de sencillez, queremos vivir una vida sencilla, con la gente. Mi hija va a una escuela pública, tenemos amigos que van de su empresa a comprar en la verdulería. Vittoria (su hija) debe comprender lo que es la vida, ser capaz de relacionarse con todo el mundo sin distinción de clase social. No olvides que yo vengo de una familia humilde, pero con muchos valores.


- ¿Familias en retirada, sí o no?

- Mejor digamos un no. La familia es importante y cuando el equipo está en retirada debe enfocarse y comprender la importancia del juego.


- ¿Cómo vive los domingos la familia Conte?

-Vamos a misa juntos, al mediodía o las 18 horas: mi esposa, quien también ha hecho de catequista, se ha acercado mucha a la fe por mí. Si estoy concentrado con el equipo trato de participar en la misa con los jugadores: la fe se practica y experimenta en comunidad.


- ¿Qué aprecia de un sacerdote?

- La capacidad de tocar temas cotidianos durante el sermón, de lo contrario se me hace difícil seguir lo que dice.


- ¿Cuál es el episodio de la Biblia que más le gusta?

- La historia del hijo pródigo. Me gusta porque nos enseña a perdonar.


- ¿Usted es capaz de perdonar?

- Sí, el perdón es parte de la tarea del entrenador, de lo contrario de 25 futbolistas no quedarían ni 10. Pero antes de perdonar creo que se debe hacer entender los errores: quien hizo mal debe redimirse.



dimanche 30 novembre 2014

Teología, canto, redención


Hay una crítica de Nietzsche, el filósofo nihilista que lleva marcando el pensamiento contemporáneo casi dos siglos, que posee una grandísima parte de verdad y a todos nos obligaría a pensar y reflexionar.



"Mejores canciones tendrían que cantarme para que yo aprendiese a creer en un redentor: ¡más redimidos tendrían que parecerme los discípulos de éste!


Desnudos quisiera verlos: pues únicamente la belleza debiera predicar penitencia. ¡Mas a quien persuade esa tribulación embozada!


¡En verdad, sus mismos redentores no vinieron de la libertad y del séptimo cielo de la libertad! ¡En verdad ellos mismos no caminaron nunca sobre las alfombras del conocimiento!


¡De huecos se componían el espíritu de esos redentores; mas en cada hueco habían colocado su ilusión, su tapahuecos, al que ellos llamaban Dios!" (Nietzsche, Así habló Zaratustra, Parte II: De los sacerdotes).



¡Mejores canciones, más caras de redimidos!


¿Qué testimonio ofrecen hoy los católicos?


Realmente mejores canciones, más entusiasmo, más fervor, más convicción y más vida no nos vendrían nada mal. A veces, más que redimidos, parecemos un pueblo de condenados a la fe; un pueblo de castigados a vivir los Misterios. Pensemos en el mismo canto litúrgico y el tono espiritual de nuestras liturgias: cansinos, monótonos, apagados, como el que cumple un deber y desea acabar cuanto antes...



El lenguaje de la catequesis, de la predicación y de la teología, será un lenguaje pronunciado con entusiasmo, seguridad, viveza, si quien lo pronuncia es un "redimido" que canta canciones mejores y alegres al Señor; si en su lugar, el lenguaje es mediocre, tibio, monótono, de quien recita de memoria pero no llega a asimilar o a estar convencido, a nadie impactará ni nadie descubrirá un Redentor al que entusiasme seguir y entregar la vida.


El tono vital, la santidad de vida, sería la cara de redimidos ante el mundo, transparentando el rostro del Señor, dibujando la Felicidad interior de una vida en Dios. Pero en el momento en que hemos sacado a Dios de la vida y lo hemos confinado sólo al culto, nuestras caras reflejan la angustia y la búsqueda, o la alienación y la tristeza de los hombres vacíos que intentan ahogar su sed como sea.


Quien se acerque a nuestras iglesias, quien oiga nuestros cantos, quien comparta la vida con nosotros, ¿oirá buenas canciones, verá nuestras caras de redimidos, de hombres plenos?


Pasión, fervor, convicción: cualidades para los católicos hoy; sin ellas, seremos una luz tan mortecina, triste, extinguiéndose, que apenas iluminará nada.



Historiador y arqueólogo


Uno de los profesores jesuitas que fue un gran maestro se llamó: Manuel Sotomayor Muro, S.I. Hoy tiene en la ciudad de Andújar un museo rotulado a su nombre.

El padre Sotomayor era el profesor de Historia de la Iglesia y Arqueología Cristiana, a quien tuve la suerte de que me impartiera clase en la Facultad de Teología de Granada. Era un excelente maestro y pedagogo.


Como buen arqueólogo trabajó muchos años en la zona cercana al pueblo de Andújar, donde había yacimientos, principalmente, romanos. Allí el buen jesuita Sotomayor pasó muchas horas regando aquellos surcos con su sudor hasta sacar piezas absolutamente perdidas bajo el limo y el paso de los siglos.


Con paciencia de bendictino medieval, pero sin perder su identidad de miembro de la Compañía de Jesús, el gran investigador limpió aquellas piezas extraídas de las excavaciones de los asentamientos romanos, siendo el consistorio local quien habilitó el museo que hoy se puede visitar en la localidad iliturgitana.


Ahora, el museo, está siendo remodelado con una ayuda económica del concejo local y de una compañia empresarial.


Desde el más allá, el padre Sotomayor, estará sonriente y feliz que sus hallazgos no están envueltos en tierra, como lo estuvieron más de dos mil años. Descanse en paz, el buen historiador, arqueólogo y maestro, de quien firma este post.


Tomás de la Torre Lendínez




El padre Rubén, un franciscano mexicano en Turquía: «Hemos de purificarnos y dar testimonio»

Ser cristiano en un país donde la mayoría de la población es musulmana puede ser difícil, pero también una bendición. Así lo asegura el sacerdote mexicano Rubén Tierrablanca González, un fraile franciscano que sirve desde hace 11 años en la parroquia de Santa María Draperis de Estambul, en Turquía.

Somos una minoría dentro de la minoría religiosa. De los cristianos, que son unos 100 mil en Turquía, el 65 por ciento sor armenios, y los católicos están representados por solo 25 mil. Vivir en Turquía como cristiano es una gracia y un gran reto. Gracia porque estamos en la raíz de la Iglesia y la presencia de los cristianos es importante, dado que Dios mismo ha querido que su Iglesia se desarrollara aquí. Y un desafío porque se ha descristianizado, en el sentido de población, somos pocos”, explicó el P. Tierrablanca en declaraciones a ACI Prensa el 27 de noviembre desde Estambul.


Con 34 años de sacerdocio y 44 como religioso, el P. Tierrablanca es actualmente el responsable internacional de la fraternidad de los Hermanos Menores (franciscanos) en Estambul, quienes se dedican al diálogo ecuménico e interreligioso en Turquía.


“Las relaciones con los cristianos de las Iglesias orientales son muy buenas, y van en aumento, hay que crear confianza y amistad entre nosotros, hay que crear unidad en la fe, en un mismo encuentro, si fuera posible Eucarístico. Es más esperanzador”, aseguró.


Desde el año 2003, los franciscanos buscan caminos de diálogo y celebran anualmente un simposio de dos días con temas comunes entre las religiones. “Todos buscamos a Dios”, afirmó.


Para el P. Tierrablanca los cristianos “estamos llamados a dar un testimonio auténtico, creíble”.


“Cuando hay estas diversidades de religiones, la nuestra ¿qué dice a los demás y al mundo? Vivir la fe cristiana en medio a los musulmanes nos exige una purificación de la fe, madurez y apertura a los demás, a hacer una vida cristiana auténticamente evangélica. A eso estamos llamados y tratamos de ser creativos para responder a este desafío. Si hemos de ponernos en contacto con los musulmanes tenemos que darles un testimonio cristiano, y eso nos ayuda a ser mejores cristianos, a crecer en nuestra fe”.


A la cuestión de cómo debería afrontar un cristiano la amenaza del terrorismo islámico, el sacerdote lo tiene claro: “Con la vida. ¿Qué podemos hacer nosotros? Vivir nuestra vida cristiana. Si nosotros damos muestras de apertura, amistad, relación, con nuestros hermanos –hemos de llamarlos hermanos porque son hijos del mismo Dios-, nos encontramos con amabilidad. Les ofrecemos nuestra amistad, ellos nos ofrecen la suya, y juntos caminamos, ese es un desafío pero una gracia de tener buenos amigos musulmanes y poder decir ‘es posible’”.


El P. Tierrablanca afirma que gracias a la visita del Papa Francisco al país, las relaciones con nuestros hermanos musulmanes “pueden cambiar, pero no se debe esperar un resultado inmediato”.


El sacerdote mexicano explica que la visita del Papa Francisco “nos confirma como pastor en nuestra fe y nos estimula a mantener la esperanza”.


Los cristianos llegaron a Turquía hace dos mil años, antes que los musulmanes. Asia Menor, actualmente el territorio de Turquía, es el territorio del inicio de la Iglesia. Las Iglesias primitivas se fundaron en Turquía a partir de la predicación apostólica de Juan en Éfeso, Felipe en Irápolis, o Andrés apóstol, quien es considerado el evangelizador de este territorio, la antigua Tracia.


Actualmente, aunque los fieles cristianos son una minoría en el país, pueden vivir en paz, ya que el Islam no está radicalizado. “La convivencia es más accesible, de modo que los cristianos en Turquía con los musulmanes, juntos, podemos dar un ejemplo de que es posible la convivencia pacífica con las religiones”, concluyó el sacerdote.



Francisco y Bartolomé firman una declaración conjunta por los cristianos de Oriente y la unidad

Al finalizar la Celebración de la Divina Liturgia en la iglesia ortodoxa de san Jorge en Estambul en la mañana del domingo 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, patrón de Constantinopla, el patriarca Bartolomé y el papa Francisco se han asomado al balcón del patriarcado ecuménico y han bendecido contemporáneamente a los fieles que se encontraban en el patio. El Papa ha hecho la bendición en latín, el Patriarca Bartolomé en griego.

Después se han ido a la Sala del Trono para leer y firmar una Declaración Conjunta, tal y como hicieron en su encuentro en Jerusalén el pasado mes de mayo. De este modo han "reafirmado juntos nuestras comunes intenciones y preocupaciones".


Y así, expresan su sincera y firme intención "de intensificar nuestros esfuerzos por la promoción de la plena unidad entre todos los cristianos y sobre todo entre católicos y ortodoxos".


Se puede leer en el texto que quieren "mantener el diálogo teológico promovido por la Comisión Mixta Internacional" que "está tratando actualmente las cuestiones más difíciles que han marcado la historia de nuestra división y que requieren un estudio atento y profundo".


Asimismo, manifiestan su preocupación "por la situación en Irak, en Siria y en todo Oriente Medios". Estamos unidos en el deseo -afirman- de paz y de estabilidad y en la voluntad de promover la resolución de conflictos a través del diálogo y la reconciliación. Y a propósito hacen un llamamiento a los que tienen la responsabilidad del destino de los pueblos "para que intensifiquen su compromiso por las comunidades que sufren y les consienta, incluidas las cristianas, permanecer en su tierra natal". No podemos resignarnos a un Oriente Medio sin cristianos, afirman.


Y hablan también de un "ecumenismo del sufrimiento".


La terrible situación de los cristianos en Oriente Medio no sólo requiere oración, sino la respuesta apropiada de la comunidad internacional, indican Bartolomé y Francisco.


Asimismo, reconocen también la importancia de la promoción de un diálogo constructivo con el Islam, "basado en el respeto y la amistad".


Por eso, "como líderes cristianos, exhortamos a todos los líderes religiosos a proseguir y reforzar el diálogo interreligioso y a cumplir todo esfuerzo para construir una cultura de paz y de solidaridad entre las personas entre los pueblos".


Finalmente, recuerda a todos los pueblos que sufren a causa de la guerra. En particular, "rezamos por la paz en Ucrania, país con una antigua tradición cristiana", y hacen un llamamiento a las partes implicadas en el conflicto para buscar el camino del diálogo y del respeto del derecho internacional para poner fina al conflicto.


Juntos en la liturgia griega en San Jorge

Francisco y el patriarca Bartolomé I, Pedro y Andrés, se han reunido antes del acto de la firma en oración en la iglesia patriarcal ortodoxa de San Jorge en Estambul para celebrar la Divina Liturgia.


En el mismo lugar en el que el sábado por la tarde se celebró la oración ecuménica, y en la que Francisco pidió al patriarca que le bendijera a él y a Iglesia de Roma, se inclinó antes él y Bartolomé le besó la cabeza. Al finalizar la celebración de este mañana, ambos, en sus discursos, han hecho un llamamiento a la plena unidad de las iglesias.


La última jornada del viaje apostólico del santo padre Francisco en su viaje apostólico a Turquía ha comenzado con la celebración en privado de la santa misa en la Representación Pontificia de Estambul.


Después, allí mismo, se ha reunido con el gran Rabino de Turquía Isak Haleva durante 15 minutos en los que han hablado en español.


A continuación, se ha dirigido en coche hasta el Patriarcado Ecuménico para la Celebración de la Divina Liturgia en la iglesia de San Jorge en el Fanar (la sede del Patriarcado ortodoxo de Constantinopla) con ocasión de la Fiesta litúrgica de san Andrés.


El Papa ha llegado a las 8.30 hora local, allí la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo ya había comenzado en presencia del patriarca, Bartolomé. Francisco ha seguido toda la celebración con gran atención, en un puesto a la izquierda del altar, con una estola roja.


En el momento correspondiente de la celebración, el Santo Padre ha recitado el Padrenuestro en latín.


Además, en el momento de la paz, Bartolomé se ha acercado hasta él.


Al finalizar, tanto el Santo Padre como Bartolomé han pronunciado sus discursos.


El patriarca, tras agradecerle al Papa su presencia, ha afirmado que aún conserva fresco en el corazón el recuerdo del encuentro entre ambos en Tierra Santa con ocasión de los 50 años del histórico encuentro entre papa Pablo VI y el patriarca ecuménico Athenágoras.


Aquel encuentro, ha observado el patriarca, cambió la dirección del curso de la historia: "los paralelos y algunas veces enfrentados caminos de nuestras Iglesias se encontraron en la visión común del descubrimiento de la perdida de su unidad, el amor congelado ha vuelto a inflamarse y fue acelerada nuestra voluntad de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que de nuevo se edifique nuestra comunión en la misma fe y en el Cáliz común". Y desde entonces se abrió la vía de Emmaús, vía probablemente larga y algunas veces escabrosa, pero sin retorno, ha indicado Bartolomé I.


Tal y como ha recordado el patriarca en su discurso, según costumbre sagrada, instituida y observada ya desde décadas por parte de las Iglesias de la Antigua y Nueva Roma, representaciones oficiales de ambas intercambian visitas durante la fiesta patronal de cada una de ellas, para demostrar la hermandad carnal de los dos apóstoles.


Haciendo mención del trabajo hecho por sus precedesores, el patriarca ha afrmado que "nuestra obligación no se limita en el pasado, sino que se extiende sobre todo y, especialmente en nuestros días, en el futuro".


Por otro lado, ha indicado que "nuestra visión dirigida al hoy no puede evitar nuestra agonía también para el mañana". A propósito ha señalado que "mientras todo el tiempo que nos ocupamos con nuestras contradicciones, el mundo vive el temor de la supervivencia, la agonía del mañana".


Y así, ha afirmado que muchos ponen hoy sus esperanzas en la ciencia, en la política, en la tecnología. "Pero ninguna de estas puede garantizar el futuro si el hombre no adopta la llamada de la reconciliación, del amor y de la justicia; la llamada de la aceptación del otro, del diferente, aún también del enemigo", ha señalado Bartolomé. Y la predicación de la Iglesia de Cristo, debe aplicarla en primer lugar para sí misma, por eso urge "el camino hacia la unidad de los que invocan el nombre del gran Pacificador".


A Francisco le ha dicho que su breve recorrido como Pontífice se ha mostrado "como predicador del amor, de la paz y de la reconciliación", "predicáis con vuestras palabras, pero sobre todo y principalmente con vuestra simplicidad, humanidad y amor hacia todos".


Por otro lado, el patriarca Bartolomé ha recordado que la iglesia de la ciudad de Constantino tiene la responsabilidad de la coordinación y de la expresión del consenso de las iglesias ortodoxas locales. Y dentro de esta responsabilidad trabajan en la preparación del Concilio de la Iglesia Ortodoxa, en el 2016.


Las comisiones responsables trabajan ya febrilmente para la preparación de este gran evento en la historia de la Iglesia Ortodoxa, por el éxito del cual pedimos también vuestras oraciones. Rezamos --ha añadido-- que una vez restablecida la plena comunión entre ellas no tarde en resurgir también este gran e ilustre día. Al finalizar, el patriarca ha observado que la unidad por la que se comprometen "se realiza ya en algunas regiones, desgraciadamente, a través del matririo".


A continuación, el papa Francisco ha tomado la palabra. Y así ha iniciado afirmando al patriarca que "encontrarnos, mirar el rostro el uno del otro, intercambiar el abrazo de paz, orar unos por otros, son dimensiones esenciales de ese camino hacia el restablecimiento de la plena comunión a la que tendemos".


El Santo Padre ha observado que no es casualidad que el camino de la reconciliación entre católicos y ortodoxos haya sido inaugurado por un encuentro, por un abrazo entre el patriarca ecuménico Atenágoras y el papa Pablo VI, hace cincuenta años en Jerusalén. Además, Francisco también ha recordado que hace unos días fue la celebración del quincuagésimo aniversario de la promulgación del Decreto del Concilio Vaticano II sobre la búsqueda de la unidad entre todos los cristianos, Unitatis redintegratio .


Documento que afirma que es de suma importancia conservar y sostener el riquísimo patrimonio de las Iglesias de Oriente, no sólo por lo que se refiere a las tradiciones litúrgicas y espirituales, sino también a las disciplinas canónicas, que regulan la vida de estas Iglesias. A propósito, el Santo Padre ha reiterado el respeto de este principio como condición esencial para el restablecimiento de la plena comunión, "que no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción, sino más bien la aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno".

Quiero asegurar --ha afirmado el Papa-- que para alcanzar la plena unidad, la Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de fe común, y que estamos dispuestos a buscar juntos, a la luz de la enseñanza de la Escritura y la experiencia del primer milenio, las modalidades con las que se garantice la necesaria unidad de la Iglesia en las actuales circunstancias. Pero sí ha añadido que lo único que la Iglesia Católica desea, y que "yo busco como Obispo de Roma, ´la Iglesia que preside en la caridad´", es la comunión con las Iglesias ortodoxas.


Por otro lado, el Pontífice ha recordado que "en el mundo hay demasiadas mujeres y demasiados hombres que sufren por grave malnutrición, por el creciente desempleo, por el alto porcentaje de jóvenes sin trabajo y por el aumento de la exclusión social, que puede conducir a comportamientos delictivos e incluso al reclutamiento de terroristas".


No podemos permanecer indiferentes ante ello, ha advertido. Una segunda voz que clama a la que se ha referido el Papa son las víctimas de los conflictos. Voz que aquí resuena con fuerza, "porque algunos países vecinos están sufriendo una guerra atroz e inhumana" . Voz que "nos impulsa a avanzar diligentemente por el camino de reconciliación y comunión entre católicos y ortodoxos". Y una tercera voz que nos interpela es la de los jóvenes.


Las nuevas generaciones --ha advertido-- nunca podrán alcanzar la verdadera sabiduría y mantener viva la esperanza, "si nosotros no somos capaces de valorar y transmitir el auténtico humanismo". Son precisamente los jóvenes, "los que hoy nos instan a avanzar hacia la plena comunión", "no porque ignoren el significado de las diferencias que aún nos separan, sino porque saben ver más allá, son capaces de percibir lo esencial que ya nos une".


Texto íntegro de la Declaración Común del Papa Francisco y del Patriarca Ecuménico Bartolomé I

Nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé I, expresamos nuestra profunda gratitud a Dios por el don de este nuevo encuentro que, en presencia de los miembros del Santo Sínodo, del clero y de los fieles del Patriarcado Ecuménico, nos permite celebrar juntos la fiesta de san Andrés, el primer llamado y hermano del Apóstol Pedro. Nuestro recuerdo de los Apóstoles, que proclamaron la buena nueva del Evangelio al mundo mediante su predicación y el testimonio del martirio, refuerza en nosotros el deseo de seguir caminando juntos, con el fin de superar, en el amor y en la verdad, los obstáculos que nos dividen.


Durante nuestro encuentro en Jerusalén del mayo pasado, en el que recordamos el histórico abrazo de nuestros venerados predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, firmamos una declaración conjunta. Hoy, en la feliz ocasión de este nuevo encuentro fraterno, deseamos reafirmar juntos nuestras comunes intenciones y preocupaciones.


Expresamos nuestra resolución sincera y firme, en obediencia a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, de intensificar nuestros esfuerzos para promover la plena unidad de todos los cristianos, y sobre todo entre católicos y ortodoxos. Además, queremos apoyar el diálogo teológico promovido por la Comisión Mixta Internacional que, instituida hace exactamente treinta y cinco años por el Patriarca Ecuménico Dimitrios y el Papa Juan Pablo II aquí, en el Fanar, está actualmente tratando las cuestiones más difíciles que han marcado la historia de nuestra división, y que requieren un estudio cuidadoso y detallado. Para ello, aseguramos nuestra ferviente oración como Pastores de la Iglesia, pidiendo a nuestros fieles que se unan a nosotros en la común invocación de que «todos sean uno,... para que el mundo crea» (Jn 17,21).


Expresamos nuestra preocupación común por la situación actual en Irak, Siria y todo el Medio Oriente. Estamos unidos en el deseo de paz y estabilidad, y en la voluntad de promover la resolución de los conflictos mediante el diálogo y la reconciliación. Si bien reconocemos los esfuerzos realizados para ofrecer ayuda a la región, hacemos al mismo tiempo un llamamiento a todos los que tienen responsabilidad en el destino de los pueblos para que intensifiquen su compromiso con las comunidades que sufren, y puedan, incluidas las cristianas, permanecer en su tierra nativa.


No podemos resignarnos a un Medio Oriente sin cristianos, que han profesado allí el nombre de Jesús durante dos mil años. Muchos de nuestros hermanos y hermanas están siendo perseguidos y se han visto forzados con violencia a dejar sus hogares. Parece que se haya perdido hasta el valor de la vida humana, y que la persona humana ya no tenga importancia y pueda ser sacrificada a otros intereses. Y, por desgracia, todo esto acaece por la indiferencia de muchos.


Como nos recuerda san Pablo: «Si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). Esta es la ley de la vida cristiana, y en este sentido podemos decir que también hay un ecumenismo del sufrimiento. Así como la sangre de los mártires ha sido siempre la semilla de la fuerza y la fecundidad de la Iglesia, así también el compartir los sufrimientos cotidianos puede ser un instrumento eficaz para la unidad. La terrible situación de los cristianos y de todos los que están sufriendo en el Medio Oriente, no sólo requiere nuestra oración constante, sino también una respuesta adecuada por parte de la comunidad internacional.


Los retos que afronta el mundo en la situación actual, necesitan la solidaridad de todas las personas de buena voluntad, por lo que también reconocemos la importancia de promover un diálogo constructivo con el Islam, basado en el respeto mutuo y la amistad. Inspirado por valores comunes y fortalecido por auténticos sentimientos fraternos, musulmanes y cristianos están llamados a trabajar juntos por el amor a la justicia, la paz y el respeto de la dignidad y los derechos de todas las personas, especialmente en aquellas regiones en las que un tiempo vivieron durante siglos en convivencia pacífica, y ahora sufren juntos trágicamente por los horrores de la guerra.


Además, como líderes cristianos, exhortamos a todos los líderes religiosos a proseguir y reforzar el diálogo interreligioso y de hacer todo lo posible para construir una cultura de paz y la solidaridad entre las personas y entre los pueblos. También recordamos a todas las personas que experimentan el sufrimiento de la guerra.


En particular, oramos por la paz en Ucrania, un país con una antigua tradición cristiana, y hacemos un llamamiento a todas las partes implicadas a que continúen el camino del diálogo y del respeto al derecho internacional, con el fin de poner fin al conflicto y permitir a todos los ucranianos vivir en armonía.


Tenemos presentes a todos los fieles de nuestras Iglesias en el todo el mundo, a los que saludamos, encomendándoles a Cristo, nuestro Salvador, para que sean testigos incansables del amor de Dios. Elevamos nuestra ferviente oración para que el Señor conceda el don de la paz en el amor y la unidad a toda la familia humana.


«Que el mismo Señor de la paz os conceda la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros» (2 Ts 3,16).


El Fanar, 30 de noviembre de 2014


Texto completo del discurso del patriarca Bartolomé I en la Divina Liturgia en San Jorge

Santísimo y amado Hermano en Cristo, Francisco, Obispo de Roma,


Gloria y alabanza damos a nuestro Dios Trino que nos ha concedido la alegría inexpresable

y el honor particular de la presencia personal de Vuestra Santidad, durante el festejo de este año de la memoria sagrada del fundador, a través de su predicación, de nuestra Iglesia, el Apóstol Andrés el Primer Llamado.


Agradecemos cordialmente a Vuestra Santidad el precioso don de su bendita presencia entre nosotros, junto con su venerable Séquito. Con amor profundo y gran honor os abrazamos dirigiéndoos el cordial abrazo de la paz y del amor: “Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rom 1,7). “Porque nos apremia el amor de Cristo” (2 Cor 5,14).


Todavía conservamos fresco en nuestro corazón el recuerdo de nuestro encuentro con Vuestra Santidad en la Tierra Santa en común peregrinaje piadoso al lugar donde nació, vivió, enseñó, padeció, resucitó y ascendió, allí donde estuvo antes, la Cabeza de nuestra fe, así como también el agradecido recuerdo del evento histórico del encuentro allí de nuestros inolvidables predecesores el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras.


Aquel encuentro de ellos, hace ya cincuenta años, en la Santa Ciudad, cambió la dirección del curso de la historia; los paralelos y algunas veces enfrentados caminos de nuestras Iglesias se encontraron en la visión común del descubrimiento de la perdida de su unidad, el amor congelado ha vuelto a inflamarse y fue acelerada nuestra voluntad de hacer todo lo que esté de nuestra parte para que de nuevo se edifique nuestra comunión en la misma fe y en el Cáliz común. Desde entonces se abrió la vía de Emmaús, vía probablemente larga y algunas veces escabrosa, pero sin retorno, invisiblemente caminando junto con nosotros el Señor, hasta que Él se nos revele “en el partir el pan” (Luc 24,35).


Esta vía la han seguido desde entonces y la siguen todos los sucesores de estos inspirados jefes, instituyendo, bendiciendo y apoyando el diálogo de la caridad y de la verdad entre nuestras Iglesias para la elevación de los obstáculos acumulados por un milenio completo en las relaciones entre ellas, diálogo entre hermanos y no, como antiguamente, de adversarios, precisando con toda franqueza la palabra de la verdad, pero también respetándose recíprocamente como hermanos.


Dentro de este clima del camino común trazado por nuestros mencionados predecesores, os acogemos hoy también, Santísimo Hermano, como portador del amor del Apóstol Pedro a su hermano el Apóstol Andrés, el Primer Llamado, cuya memoria sagrada solemnemente celebramos hoy.


Según costumbre sagrada, instituida y observada ya desde décadas por parte de las Iglesias de la Antigua y Nueva Roma, representaciones oficiales de ambas intercambian visitas durante la fiesta patronal de cada una de ellas, para que también a través este modo sea demostrada la hermandad carnal de los dos corifeos Apóstoles, que de común han conocido a Jesús y han creído en Él como Dios y Salvador.


Esta común fe la han transmitido a las Iglesias que han fundado con su predicación y han santificado con su martirio. Esta fe han vivido y han dogmatizado los Padres comunes de nuestras Iglesias, reunidos desde oriente y occidente en Concilios Ecuménicos, heredándola en nuestras Iglesias como fundamento inquebrantable de nuestra unidad. Esta fe, que hemos conservado en común en el oriente y en el occidente por un milenio, somos llamados nuevamente a ponerla como base de nuestra unidad, de modo que “manteneos unánimes y concordes” (Fil 2,2) avanzamos junto con Pablo adelante “olvidando lo que queda atrás y lanzando hacia lo que está por delante” (cfr. Fil 3,14).


Porque en verdad, Santísimo Hermano, nuestra obligación no se limita en el pasado, sino que se extiende sobre todo y, especialmente en nuestros días, en el futuro. Porque, ¿para que vale nuestra fidelidad al pasado, si esto nada significa para el futuro?


¿Qué utilidad tiene nuestro orgullo por todo que hemos recibido, si todo esto no se traduce en vida para el hombre y el mundo de hoy y del mañana? “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre” (Hebr 13,8), y su Iglesia viene llamada a tener su visión dirigida no tanto al ayer, sino al hoy y al mañana. La Iglesia existe por el mundo y por el hombre y no por si misma.


Nuestra visión dirigida al hoy no puede evitar nuestra agonía también para el mañana. “Luchas por fuera, temores por dentro” (2 Cor 7,5). Esta comprobación del Apóstol para su época, vale integra hoy también para nosotros. Porque, mientras todo el tiempo que nos ocupamos con nuestras contradicciones, el mundo vive el temor de la supervivencia, la agonía del mañana.


¿Como puede sobrevivir mañana una humanidad afligida hoy por muchas divisiones, conflictos y enemistades, muchas veces también en el nombre de Dios? ¿Cómo será repartida la riqueza de la tierra más justamente de modo que no viva mañana la humanidad una esclavitud más horrible, que jamás conoció antes? ¿Qué planeta encontrarán las próximas generaciones para habitar, si el hombre moderno con su avidez lo destruye cruel y irremediablemente?


Muchos ponen hoy sus esperanzas en la ciencia; otros en la política; otros en la tecnología. Pero ninguna de estas puede garantizar el futuro si el hombre no adopta la llamada de la reconciliación, del amor y de la justicia; la llamada de la aceptación del otro, del diferente, aún también del enemigo. La Iglesia de Cristo, que es la primera que ha enseñado y ha vivido esta predicación, debe aplicarla en primer lugar para sí misma “para que el mundo crea” (Juan 17,21). He aquí el porque urge como jamás en otro tiempo el camino hacia la unidad de los que invocan el nombre del gran Pacificador. He aquí el porque la responsabilidad de nosotros los cristianos es grande frente a Dios, a la humanidad y a la historia.


Santidad,

En el todavía breve recorrido a la cabeza de vuestra Iglesia os habéis mostrado ya en la conciencia de nuestros contemporáneos como predicador del amor, de la paz y de la reconciliación. Predicáis con vuestras palabras, pero sobre todo y principalmente con vuestra simplicidad, humanidad y amor hacia todos, con los cuales ejercitáis vuestro alto ministerio. Inspiráis confianza en los desconfiados, esperanza en los desesperados, expectación en aquellos que esperan una Iglesia afectuosa para todos.


Además ofrecéis a vuestros hermanos ortodoxos la esperanza que en vuestros días el acercamiento de nuestras dos grandes y antiguas Iglesias se continuará basándose sobre los firmes fundamentos de nuestra común tradición, la cual desde siempre observada y reconocía dentro de la estructura de la Iglesia un primado de amor, honor y servicio en el ámbito de la sinodalidad, de modo que “con una boca y un corazón” viene confesado Dios Trino y derramado Su amor por el mundo.


Santidad,

La Iglesia de la Ciudad de Constantino que por primera vez os acoge hoy con mucho amor y honor, como también con profundo reconocimiento, lleva en sus hombros una pesada herencia, como también una responsabilidad tanto para el presente como para el futuro. En esta Iglesia la Divina Providencia ha puesto, a través del orden instituido por parte de los sagrados Concilios Ecuménicos, la responsabilidad de la coordinación y de la expresión del consenso de las Santísimas Iglesias Ortodoxas locales.


Dentro de esta responsabilidad trabajamos ya intensamente para la preparación del Santo y Gran Concilio de la Iglesia Ortodoxa, que se decidió fuera convocado aquí, con la benevolencia de Dios, dentro el año 2016. Las comisiones responsables trabajan ya febrilmente para la preparación de este gran evento en la historia de la Iglesia Ortodoxa, por el éxito del cual pedimos también vuestras oraciones.


Desgraciadamente, la comunión eucarística entre nuestras Iglesias, rota desde hace mil años, no permite todavía la constitución de un común Gran y Ecuménico Concilio.


Rezamos que una vez restablecida la plena comunión entre ellas no tarde en resurgir también este gran e ilustre día. Hasta aquel bendito día, la participación de cada una de nuestras Iglesias en la vida sinodal de la otra será mostrada con el envío de observadores, como ya sucede, por medio de vuestra gentil invitación, durante los Sínodos de vuestra Iglesia, y como, esperamos, que sucederá también durante la realización, con la ayuda de Dios, del nuestro Santo y Gran Concilio.


Santidad,

Los problemas que la coincidencia histórica levanta hoy frente a nuestras Iglesias nos imponen que superaremos el girar en torno nosotros mismos, para afrontarlos con la más estrecha colaboración posible. Los modernos perseguidores de los cristianos no preguntan a qué Iglesia pertenecen sus víctimas.


La unidad, por la cual nos comprometemos, se realiza ya en algunas regiones, desgraciadamente, a través del matririo. Tendamos en común la mano al hombre moderno, la mano del único que puede salvarlo a través Su Cruz y Su Resurrección.


Con estos pensamientos y sentimientos expresamos también ahora la alegría por la presencia entre nosotros de Vuestra Santidad, agradeciéndola y rezando al Señor que por las intercesiones del celebrado hoy, el Apóstol Primer Llamado y de su hermano en carne Pedro Protocorifeo, proteja Su Iglesia y la conduzca al cumplimiento de Su santa voluntad.


¡Bienvenido entre nosotros, muy querido Hermano!


Texto completo del discurso del Santo Padre Francisco en la Divina Liturgia en San Jorge

Santidad, queridísimo hermano Bartolomé.

Como arzobispo de Buenos Aires, he participado muchas veces en la Divina Liturgia de las comunidades ortodoxas de aquella ciudad; pero encontrarme hoy en esta Iglesia Patriarcal de San Jorge para la celebración del santo Apóstol Andrés, el primero de los llamados, Patrón del Patriarcado Ecuménico y hermano de san Pedro, es realmente una gracia singular que el Señor me concede.


Encontrarnos, mirar el rostro el uno del otro, intercambiar el abrazo de paz, orar unos por otros, son dimensiones esenciales de ese camino hacia el restablecimiento de la plena comunión a la que tendemos. Todo esto precede y acompaña constantemente esa otra dimensión esencial de dicho camino, que es el diálogo teológico. Un verdadero diálogo es siempre un encuentro entre personas con un nombre, un rostro, una historia, y no sólo un intercambio de ideas.


Esto vale sobre todo para los cristianos, porque para nosotros la verdad es la persona de Jesucristo. El ejemplo de san Andrés que, junto con otro discípulo, aceptó la invitación del Divino Maestro: «Venid y veréis», y «se quedaron con él aquel día» (Jn 1,39), nos muestra claramente que la vida cristiana es una experiencia personal, un encuentro transformador con Aquel que nos ama y que nos quiere salvar.


También el anuncio cristiano se propaga gracias a personas que, enamoradas de Cristo, no pueden dejar de transmitir la alegría de ser amadas y salvadas. Una vez más, el ejemplo del Apóstol Andrés es esclarecedor. Él, después de seguir a Jesús hasta donde habitaba y haberse quedado con él, «encontró primero a su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que significa Cristo). Y lo llevó a Jesús» (Jn 1,40-42). Por tanto, está claro que tampoco el diálogo entre cristianos puede sustraerse a esta lógica del encuentro personal.


Así pues, no es casualidad que el camino de la reconciliación y de paz entre católicos y ortodoxos haya sido de alguna manera inaugurado por un encuentro, por un abrazo entre nuestros venerados predecesores, el Patriarca Ecuménico Atenágoras y el Papa Pablo VI, hace cincuenta años en Jerusalén, un acontecimiento que Vuestra Santidad y yo hemos querido conmemorar encontrándonos de nuevo en la ciudad donde el Señor Jesucristo murió y resucitó.


Por una feliz coincidencia, esta visita tiene lugar unos días después de la celebración del quincuagésimo aniversario de la promulgación del Decreto del Concilio Vaticano II sobre la búsqueda de la unidad entre todos los cristianos, Unitatis redintegratio. Es un documento fundamental con el que se ha abierto un nuevo camino para el encuentro entre los católicos y los hermanos de otras Iglesias y Comunidades eclesiales.


Con aquel Decreto, la Iglesia Católica reconoce en particular que las Iglesias ortodoxas «tienen verdaderos sacramentos, y sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía, con los que se unen aún con nosotros con vínculo estrechísimo» (n. 15).


En consecuencia, se afirma que, para preservar fielmente la plenitud de la tradición cristiana, y para llevar a término la reconciliación de los cristianos de Oriente y de Occidente, es de suma importancia conservar y sostener el riquísimo patrimonio de las Iglesias de Oriente, no sólo por lo que se refiere a las tradiciones litúrgicas y espirituales, sino también a las disciplinas canónicas, sancionadas por los Santos Padres y los concilios, que regulan la vida de estas Iglesias (cf., nn. 15-16).


Considero importante reiterar el respeto de este principio como condición esencial y recíproca para el restablecimiento de la plena comunión, que no significa ni sumisión del uno al otro, ni absorción, sino más bien la aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno, para manifestar a todo el mundo el gran misterio de la salvación llevada a cabo por Cristo, el Señor, por medio del Espíritu Santo.


Quiero asegurar a cada uno de vosotros que, para alcanzar el anhelado objetivo de la plena unidad, la Iglesia Católica no pretende imponer ninguna exigencia, salvo la profesión de fe común, y que estamos dispuestos a buscar juntos, a la luz de la enseñanza de la Escritura y la experiencia del primer milenio, las modalidades con las que se garantice la necesaria unidad de la Iglesia en las actuales circunstancias: lo único que la Iglesia Católica desea, y que yo busco como Obispo de Roma, «la Iglesia que preside en la caridad», es la comunión con las Iglesias ortodoxas. Dicha comunión será siempre fruto del amor «que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado» (Rm 5,5), amor fraterno que muestra el lazo trascendente y espiritual que nos une como discípulos del Señor.


En el mundo de hoy se alzan con ímpetu voces que no podemos dejar de oír, y que piden a nuestras Iglesias vivir plenamente el ser discípulos del Señor Jesucristo.


La primera de estas voces es la de los pobres. En el mundo hay demasiadas mujeres y demasiados hombres que sufren por grave malnutrición, por el creciente desempleo, por el alto porcentaje de jóvenes sin trabajo y por el aumento de la exclusión social, que puede conducir a comportamientos delictivos e incluso al reclutamiento de terroristas.


No podemos permanecer indiferentes ante las voces de estos hermanos y hermanas. Ellos no sólo nos piden que les demos ayuda material, necesaria en muchas circunstancias, sino, sobre todo, que les apoyemos para defender su propia dignidad de seres humanos, para que puedan encontrar las energías espirituales para recuperarse y volver a ser protagonistas de su historia.


Nos piden también que luchemos, a la luz del Evangelio, contra las causas estructurales de la pobreza: la desigualdad, la falta de un trabajo digno, de tierra y de casa, la negación de los derechos sociales y laborales. Como cristianos, estamos llamados a vencer juntos a la globalización de la indiferencia, que hoy parece tener la supremacía, y a construir una nueva civilización del amor y de la solidaridad.


Una segunda voz que clama con vehemencia es la de las víctimas de los conflictos en muchas partes del mundo. Esta voz la oímos resonar muy bien desde aquí, porque algunos países vecinos están sufriendo una guerra atroz e inhumana. Pienso con profundo dolor en las muchas víctimas del deshumano e insensato atentado que en estos días ha golpeado los fieles musulmanes que rezaban en la mezquita de Kano, en Nigeria.


Turbar la paz de un pueblo, cometer o consentir cualquier tipo de violencia, especialmente sobre los más débiles e indefensos, es un grave pecado contra Dios, porque significa no respetar la imagen de Dios que hay en el hombre. La voz de las víctimas de los conflictos nos impulsa a avanzar diligentemente por el camino de reconciliación y comunión entre católicos y ortodoxos. Por lo demás, ¿cómo podemos anunciar de modo creíble el mensaje de paz que viene de Cristo, si entre nosotros continúa habiendo rivalidades y contiendas? (Pablo VI, Exhort. Ap., Evangelii nuntiandi, 77).


Una tercera voz que nos interpela es la de los jóvenes. Hoy, por desgracia, hay muchos jóvenes que viven sin esperanza, vencidos por la desconfianza y la resignación. Muchos jóvenes, además, influenciados por la cultura dominante, buscan la felicidad sólo en poseer bienes materiales y en la satisfacción de las emociones del momento.


Las nuevas generaciones nunca podrán alcanzar la verdadera sabiduría y mantener viva la esperanza, si nosotros no somos capaces de valorar y transmitir el auténtico humanismo, que brota del Evangelio y la experiencia milenaria de la Iglesia.


Son precisamente los jóvenes – pienso por ejemplo en la multitud de jóvenes ortodoxos, católicos y protestantes que se reúnen en los encuentros internacionales organizados por la Comunidad de Taizé – los que hoy nos instan a avanzar hacia la plena comunión. Y esto, no porque ignoren el significado de las diferencias que aún nos separan, sino porque saben ver más allá, saben ver más allá, son capaces de percibir lo esencial que ya nos une, que es mucho Santidad.


Queridísimo hermano, estamos ya en el camino hacia la plena comunión y podemos vivir ya signos elocuentes de una unidad real, aunque todavía parcial. Esto nos reconforta y nos impulsa a proseguir por esta senda.


Estamos seguros de que a lo largo de este camino contaremos con el apoyo de la intercesión del Apóstol Andrés y de su hermano Pedro, considerados por la tradición como fundadores de las Iglesias de Constantinopla y de Roma. Pidamos a Dios el gran don de la plena unidad y la capacidad de acogerlo en nuestras vidas. Y nunca olvidemos de rezar unos por otros.



jeudi 27 novembre 2014

Pedófilos y encubridores al servicio de Su Majestad Británica: ninguna autoridad pide disculpas

Agentes secretos al servicio de Su Majestad, pero más a menudo cómplices de ogros pedófilos y depredadores de niños.

Si dos años de incesante campaña contra sacerdotes, obispos y Papas han persuadido al mundo que el espectro planetario de los pedófilos tenía su cerebro en el Vaticano, lo que está sucediendo en la muy civilizada Inglaterra debería realmente cambiar el curso de la historia.


Por lo menos, de la historia del prejuicio anti-católico y la fobia anti-papal, alimentados por los grandes periódicos, las organizaciones no gubernamentales y las distintas oficinas de la ONU, que durante todo este tiempo no han dejado de avivar el odio contra la Iglesia de Roma y sus jerarquías.


Desde Londres llega una historia horrible, de novela de terror, salida a la luz gracias a la prensa local que ha desvelado la existencia de una red de pedófilos formada por diputados, ministros, funcionarios de policía, generales de las fuerzas armadas y poderosos hombres de negocios.


Una compañía de alto rango que durante años ha violado a decenas de niños en un edificio a pocos metros del Parlamento de Westminster, asesinándolos para no dejar testigos molestos.


Todo ello encubierto por los poderosísimos Mi6 y Mi5 (Military Intelligence, Secciones 5 y 6) del Security Service, los servicios secretos de espionaje y contraespionaje del gobierno inglés.



Es el último capítulo de la investigación “Dickens Dossier” (del nombre del diputado conservador Geoffrey Dickens), que estalló en el mes de julio pasado y que alteró el establishment político, militar y económico londinense.


Pero ahora, revela el periódico La Repubblica, «en el banco de los acusados se sientan incluso los servicios secretos británicos, acusados de haber silenciado, en primer lugar, a los periódicos que querían indagar sobre el turbio caso y, después, de haber hecho desaparecer cualquier prueba de los propios archivos».


Los crímenes imputados al Westminster pedophile ring (Círculo pedófilo de Westminster, ndt), la banda de los pedófilos londinenses, se remontan a los años ochenta y fueron cometidos en Elm Guest House, un edificio cercano al Parlamento de Westminster donde muchos diputados tenían sus lujosos pisos.



Aquí se realizaban fiestas en las que se implicaban a niños de los 10 a los 12 años de edad, trasladados desde un orfanato de la capital.


De ello ha hablado el Sunday Times, relatando detalles horripilantes. Un diputado conservador, durante una orgía, estranguló a un niño de 12 años delante de otros miembros de la Cámara de los Comunes que habían abusado, poco antes, del menor. Y en otro caso de violación, la víctima, un niño de 10 años, después de ser violado fue lanzado de un coche a toda velocidad.


El topo de estas horribles revelaciones, que en esa época fue uno de los niños que sufrieron abusos, ha relatado que era entregado regularmente por su padre a sus torturadores, que lo recogían en su casa en coche y después lo llevaban a un hotel o a un piso donde era violado «por figuras políticas y militares de primer plano». El hombre ha relatado haber sido testigo ocular de dos homicidios y de estar en conocimiento de otros casos.


La lista de los investigados se compone, actualmente, de una decena de nombres políticos, algunos de ellos aún en activo.


La casa de los horrores de Westminster está estrechamente vinculada al “Dickens Dossier”, una carpeta secreta con 114 archivos de abusos sexuales en los que están implicados parlamentarios a los que se da caza desde hace casi treinta años.


Misteriosamente desaparecida en 1984, la lista de los sospechosos de pedofilia (entre los cuales hay ex ministros) habría sido entregada a Lord Leon Brittan, entonces ministro de Interior, por un parlamentario conservador, Geoffrey Dickens. Dickens murió en 1995 y de la carpeta no hay traza.


Lord Brittan dice que la entregó a los funcionarios del ministerio. El hecho es que ha desaparecido. Pero la ex baronesa del Partido Laborista Barbara Castle tenía una copia, que entregó al director del Bury Messanger, periódico local de su circunscripción electoral, para que escribiera sobre ello. Y aquí entra en escena el Mi5.


Efectivamente, el periodista ha relatado que agentes de los servicios secretos entraron de golpe en su despacho, amenazando con arrestarlo si no entregaba la carpeta: su publicación habría constituido un atentado a la seguridad nacional.


«La inteligencia británica emite advertencias de este tipo en rarísimas ocasiones: de media docena a una docena de requerimientos al año», escribe Repubblica. En jerga se llaman “D notices” y parece que en los años en cuestión llegaban muchas contra los directores de algunos periódicos que estaban investigando los horrores de Elm Guest House.



«Pero ahora que toda la prensa nacional se ha lanzado de cabeza a investigar la “banda de los pedófilos de Westminster”», revela Repubblica, «esas advertencias, increíblemente, ya no se encuentran».


El primer ministro británico David Cameron ordenó hace unos meses a Scotland Yard iniciar una investigación para aclarar todos los hechos.


Después del escándalo del DJ de la BBC, Jimmy Savile, [ReL lo explica aquí ] que ha dañado a 200 personas en 50 años (niños, chicas, minusválidos en los hospitales y huérfanos) la banda de Westminster podría ser el segundo caso más grande de pedofilia en el Reino Unido, si no de la historia.


En Scotland Yard ya están convencidos de ello y han recogido material suficiente para poder sostener que «el Reino Unido, entre los años 70 y el 2000, ha sido el teatro de una enorme red de pedófilos», que incluiría parlamentarios eminentes (algunos de ellos aún en el cargo) y Lores ingleses. Encubiertos y protegidos por los servicios secretos, es decir, por el gobierno dado que los 007 dependen del Ministerio de Interior.


Sin embargo, no sucede que contra esta gigantesca red made in England de ogros se hayan movilizado las mismas poderosas organizaciones que montaron contra la Iglesia católica una feroz campaña de difamación, llegando incluso a pedir la dimisión del Papa Ratzinger y su comparecencia ante un tribunal.


El objetivo, abiertamente declarado, era crear un “pánico ético” contra la Iglesia, estableciendo un vínculo entre el celibato del clero y los abusos sexuales y amplificando hasta lo inverosímil episodios y cifras de los abusos. Falsedades y mentiras confeccionadas para acallar y atemorizar, denostando al Papa con acusaciones infamantes.


Pero hoy, después de la valiente toma de posición de Benedicto XVI y las nuevas disposiciones vaticanas, ya no hay espacio para todo esto. El Papa Ratzinger primero y el Papa Francisco después son los únicos jefes de Estado que han recibido a las víctimas de la violencia sexual del clero y, asumiéndose responsabilidades que ciertamente no tenían, han pedido repetida y públicamente su perdón.


La misma cosa deberían hacer los líderes de los partidos, el gobierno inglés, la Cámara de los Lores y Buckingham Palace, que hasta hoy han tenido secreto el escándalo por motivos de seguridad nacional. ¿Lo harán? No, no lo harán. Y la ONU se cuidará muy mucho de pedirlo.


(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)