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lundi 3 novembre 2014

Suspenden un congreso sobre trata humana por un grave «defecto» de los organizadores: ¡eran provida!

La asociación Abogados Escandinavos por los Derechos Humanos había organizado, junto a la universidad sueca de Uppsala y a su delegación ONU, un congreso internacional.

El acontecimiento, programado para el 15 de octubre pasado, debería haber tratado el tema del tráfico humano en Suecia y en Europa, presentando entre otros, el informe 2014 del Consejo de Europa sobre "Prostitución, el tráfico y la esclavitud moderna en Europa ".


Entre los participantes a esta conferencia habían sido invitadas personalidades de fama internacional, investigadores de la misma Universidad de Uppsala, los miembros de la “Plataforma para la sociedad civil contra la trata de seres humanos” en Suecia y oficiales expertos de la policía.


Durante la conferencia, los Abogados Escandinavos por los Derechos Humanos habían decidido entregar el “Premio por la tutela de la dignidad humana” a la reina Silvia de Suecia y a su asociación, la World Childhood Foundation, por su actividad en la protección de los niños contra la trata. Hace unos meses la Casa Real había respondido con gratitud confirmando su presencia en este acontecimiento.


La conferencia fue suspendida unos días antes cuando la RFSU, la Asociación sueca para la educación sexual, conocida por sus campañas a favor de la educación con ideología de género, deploró dicho evento escribiendo que la presidenta de la organización de abogados, Ruth Nordstrom, era culpable de ser una defensora provida, alineada en defensa de una obstetra en la batalla para el reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia en Suecia.


A la RFSU -entre otras cosas miembro de la mayor empresa abortista del mundo, la International Planned Parenthood Federation (IPPF)- se unió el periódico nacional Aftonbladet con un artículo en el que se acusaba a Ruth Nordstrom de querer "aprovecharse" de la reina para llevar a cabo «un golpe de estado» contra el aborto.


La campaña mediática surtió efecto. La Universidad, que incluso tiene como lema “Gratie, veritas, naturae”, dio marcha atrás.


La Casa Real explicó que visto que la elección del ilustre ateneo ya no era compatible con los compromisos de la reina, ésta renunciaba a la asignación del premio.


Los organizadores fueron informados de todo a través de los medios de comunicación, incluida la noticia de la cancelación de la conferencia.


Dos delegados del Parlamento noruego, que llegaron a Suecia el 15 de octubre para participar en el evento, declararon: «En una democracia liberal se debe dar espacio a personas que piensan de manera distinta a la mayoría, en especial en el ámbito de la vida y de la muerte. Para nosotros, lo que ha sucedido en Suecia es increíble».


Lukas Berggren, en un editorial en el Världen Idag, ha subrayado que los «comentaristas, los escritores y los fabricantes de opinión que a menudo utilizan los conceptos de diversidad y tolerancia tenían una magnífica ocasión para poner en práctica su tolerancia. Mostrando que, no sólo solicitan tolerancia hacia los otros, sino que sobre todo la muestran hacia los otros - los disidentes. Esta es la verdadera tolerancia».


Nordstrom ha dicho que «es absurdo que por el hecho de que los Abogados Escandinavos por los Derechos Humanos defiendan la libertad de conciencia en Suecia se haya cancelado una conferencia internacional sobre un tema de tanta importancia».


¿Y los medios de información? «Han llevado a niveles muy bajos las difamaciones calumniosas».


(Traducción de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares)



dimanche 2 novembre 2014

La familia cristiana, en riesgo de extinción

Terminó el Sínodo de la Familia, cuyas conclusiones finales no han merecido mucha publicidad, si es que se les ha dado alguna. Al final sólo ha quedado en el gran público el asunto de si pueden recibir o no la comunión los divorciados y vueltos a casar y un cierto guiño de acogida a los homosexuales.

Ahora me ciño a la familia, tema nuclear del sínodo. Cierto que la situación eclesial de los divorciados y casados de nuevo es muy dura y dolorosa, en particular de aquellos que se sienten todavía hijos de la Iglesia. Dolor que no podemos dejar de compartir los demás hermanos en la fe, aunque no sé si podemos hacer algo efectivo para mitigar su padecimiento.


Pero siendo este un grave asunto para los afectados, no es, sin embargo, el mayor problema que sufre actualmente la que podríamos llamar familia cristiana o formada según las normas de la Iglesia. Lo que ahora está ocurriendo en el ámbito familiar es un desastre sin paliativos para la Iglesia y para la sociedad en general. Al menos en España.


Me decía no hace mucho la juez de paz del pequeño pueblo serrano del norte de Madrid en el que resido (6.500 habitantes), con una población mayormente tradicional y una alcaldesa joven y religiosa de verdad, que aquí ya no se casa por la Iglesia ni el potato. Apenas un tres o un cuatro por ciento de la totalidad de los que se inscriben en el registro civil. El porcentaje aún sería menor si contáramos los que se amanceban sin dar cuenta a nadie, o sea, las ya famosas parejas de hecho o por lo forestal.


Esto ocurre en un pueblo que no hace más allá de una década, mi difunta esposa y yo, con el párroco y otros colaboradores, dábamos cursillos prematrimoniales todos los años, o a más tardar cada dos años, con una asistencia nunca inferior a diez parejas y notable éxito. Pues de eso no ha quedado, en tan brevísimo período de tiempo, ni las raspas.


Me decía también la jueza, que se casan con todo preparado (separación de bienes, ingresos y cuentas corrientes no compartidas, etc.) por si un día se tiran la vajilla de duralex a la cabeza y salen corriendo cada uno por un lado sin mayores impedimentos ni pegas burocráticas. Y si te he visto no me acuerdo. Lo explicaba Massimo Introvigne en un artículo muy reciente publicado en estas mismas páginas: Las parejas que conviven se preparan para el divorcio .


Porque esta es otra. Acuden al juzgado después de haber convivido “en pareja” durante bastante tiempo, años más bien, a ver qué tal iba la cosa. Es decir, “matrimonios” a cala y cata, como los melones de Villaconejos. Parejas precarias, inciertas, frágiles, que por ello mismo no tienen hijos o, en el mejor de los casos, uno sólo para que la mamá satisfaga su instinto maternal o pueda seguir jugando a los muñecos pero con un bebé de verdad. Tampoco el sistema de producción económica ayuda mucho, a menos que todas las mujeres del país sean funcionarias. Pero ni así con el personal de ahora, estoy seguro


¿Cuál es el resultado de este estado de cosas? Los datos que ha publicado estos días el Instituto Nacional de Estadística. España envejece a la carrera. Ya el próximo año, según sus previsiones, el número de defunciones superará al de nacimientos. Y dentro de pocos años habremos perdido no se cuantos millones de habitantes. Un declive que no lo frena ya ni las prolíficas inmigrantes moras. Aunque no sé lo que será peor desde un punto de vista cultural, una España de tercera edad o un Al-Ándalus musulmán.


No quiero chafarles el guitarrico hedonista a estos mozos de ahora, pero pienso que deberían preguntarse, como mínimo, quién va a pagarles las pensiones cuando se jubilen, si cada vez habrá más pensionistas y menos cotizantes. ¿Qué esperan, que vengan de fuera a sostener las pensiones de una masa de viejos que no hará más que aumentar? No quiero ni pensar lo que pueda ocurrir. Yo no lo veré, desde luego, pero lloro por mis nietos.



samedi 1 novembre 2014

La historia de la Iglesia es una historia de santos


La historia, la gran historia, a veces se escribe de la manera más oculta y discreta, velada para los ojos profanos, cuando Dios entra en diálogo con un alma y la va transformando. En esos diálogos decisivos de oración, intimidad y amor, Dios está escribiendo una nueva página en la historia.



¡Qué manera tan eficaz, tan sorprendente, tan alejada de centros de poder político o económico, de ideología, es la manera de los santos! Ellos han partido de la iniciativa divina revelándose, dándose a ellos. Todos suelen coincidir en aquel versículo de Isaías, "secretum meum mihi", "mi secreto para mí", sin exponer a la mirada indiscreta la hondura de Dios con el alma. Y aun cuando hayan narrado mucho de su proceso interior, como san Agustín en sus Confesiones o santa Teresa en su Libro de la Vida, siempre saben y así lo expresan que hay un núcleo último, inexplicable, inefable, que es Dios obrando y el hombre ante Él.


Hay almas elegidas, escogidas por Dios, para una misión que es su propia vocación. Reciben una misión para todos, un haz de luz del Misterio que ellos van a reflejar provocando una reverberación nueva, llamativa, fascinante. Están puestos en lo alto del candelero para que iluminen a todos los de casa. Son santos especialmente "novedosos", que irrumpen con fuerza en la historia, le ofrecen un rumbo nuevo.


La historia de la Iglesia es historia de sus santos. Perspectiva nueva, teológica, que no podemos olvidar: la historia de la Iglesia es una historia de santidad, un entramado de santos puestos por Dios como inicios nuevos de capítulos fascinantes.


"La verdadera historia del hombre, la que constituye su entraña forjando su felicidad o su desgracia personal, nos queda casi siempre desconocida. E igualmente nos queda desconocida la historia íntima de la Iglesia, aquella en la que cada creyente vive delante de Dios y desde la relación con él vivo con el prójimo, cumple silenciosamente su misión, que, aunque no haya trasparecido, no por ello ha sido menos intensa.



La historia de cada alma y la historia de cada misión son las primeras piedras angulares de la Iglesia. Que en algunos casos Dios quiera hacer patente ante toda ella el destino interior de ciertas vidas no significa que sólo ésas hayan vivido una real santidad y hayan sido testigos fieles del Evangelio. La historia de los santos en la Iglesia es la historia de las sucesivas encarnaciones de Cristo en humanidades complementarias, que van reflejando su rostro en la medida en que una generación nueva necesita reconocerlo. Todos los misterios, todos los estados del alma, todos los sentimientos, todas las virtudes de Cristo son revividas en cada momento de la Iglesia por los miembros de su cuerpo. Cada uno de nosotros estamos llamados a proseguir y revivir uno. Sólo Dios sabe por qué da a conocer y hacer relumbrar a unos y no a otros, en unos momentos y no en otros. Todos alumbran con la misma luz, pero cada generación necesita especialmente un resplandor propio, relee con especial cercanía una página del Evangelio, concreta un carisma del Espíritu y realiza un servicio nuevo.




La llamada "historia nueva" nos ha ayudado a ver nuevos problemas y a trabajar con nuevos datos y métodos. Frente a la acentuación de las personalidades individuales (reyes, papas, genios, santos...) hemos redescubierto la importancia de lo cuantitativo en la historia. Si cada hombre es un absoluto y toda persona es sagrada, no es lo mismo que compartan o pierdan la fe un individuo o cincuenta millones, se incorporen a la Iglesia un ciudadano o toda la nación. Es importante saber quién y cómo era Felipe II. Pero los ocho millones restantes de españoles del siglo XVI, ¿qué pensaban y cómo se alimentaban, cómo percibieron la Inquisición y cómo soñaron el descubrimiento de América?


La historia de la Iglesia es la historia de cada creyente, la historia del pueblo cristiano y dentro de él la historia de los hechos que, articulando ese pueblo activo o dinamizando ese pueblo pasivo, han ido realizando su unidad y santidad, su catolicidad y apostolicidad" (O. González de Cardedal, La teología en España (1959-2009), Madrid 2010, pp. 403-405).



Manuel Caballero, sabio clásico


En la ciudad de Jaén, en su prolongación hacia el norte, existe una calle en cuyas esquinas aparece el rótulo que reza así:

Calle Manuel Caballero Venzalá


La gente pasa y no sabe. Quien vive en esa calle tampoco se preocupa. ¿Quien es el titular de esa calle?


Es un sacerdote diocesano, natural de Martos; cuando acabó sus estudios de bachiller se fue a la universidad de Granada, donde alcanzó el grado de abogado, presentándose, más tarde, a juez. Aquel joven era miembro de la Acción Católica de los años cuarenta del siglo pasado. En el interior del movimiento laical encontró que el Señor le llamaba a ser sacerdote.


Se marchó al Seminario de vocaciones tardías de Salamanca, donde acabó licenciandose en Sagrada Teología. Fue ordenado sacerdote en el año 1960.


Lo conocí como profesor de Lengua, Literatura Española e Historia del Arte. Era un maestro inigualable; sabía despertar la vocación por el mundo de las letras a varios seminaristas. Fuí uno de ellos.


Gracias a don Manuel Caballero Venzalá y su pozo de sabiduría, hoy escribo estas letras de agradecimiento a lo mucho que me enseñó y para perpetuo recuerdo de los vecinos y paseantes que el consistorio municipal le colocó a una calle del Jaén que busca su extensión por el llano hacia el norte.


Tomás de la Torre Lendínez




El Papa aprueba las nuevas constituciones de los Legionarios de Cristo tras tres años de renovación


El P. Eduardo Robles-Gil, director general de los Legionarios de Cristo, comunicó con una carta con fecha de la solemnidad de todos los santos, que la Santa Sede ha aprobado las nuevas constituciones de la Legión. La aprobación fue firmada el 16 de octubre por el Mons. José Rodríguez Carballo, O.F.M y el P. Sebastiano Paciolla, O.Cist., secretario y subsecretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica respectivamente. Las nuevas constituciones están ya en vigor.

Con este paso se cumple el objetivo principal del proceso de renovación iniciado en 2010 por mandato de Benedicto XVI y continuado por Francisco a través de un Delegado Pontificio, el Card. Velasio De Paolis. El texto es resultado de un trabajo de consulta y reflexión que duró prácticamente tres años y en la que todos los legionarios tuvieron oportunidad de participar y aportar y que culminó con la celebración del Capítulo General Extraordinario en enero y febrero de 2014.


Entre los cometidos principales del proceso de renovación estaban la clarificación del carisma, la simplificación y reducción de las normas, asegurar un ejercicio de la autoridad más participativo y conforme al Derecho Canónico, y la formación de los legionarios, con especial atención a la responsabilidad de cada uno de hacer su propio discernimiento vocacional y garantizar la distinción entre el fuero interno y el fuero externo.


El P. Robles-Gil afirma en su carta: «Tenemos ahora en nuestras manos el texto de nuestras Constituciones que describe para cada uno de nosotros el modo específico de vivir la vida religiosa en la Legión, siendo así el camino que nos guía hacia la santidad y la fecundidad apostólica al servicio de la Iglesia y de los hombres».


Las constituciones de una congregación religiosa contienen las normas fundamentales que custodian y promueven la vivencia y desarrollo del propio carisma. En ellas se contienen las normas esenciales sobre la identidad y misión de la congregación, su gobierno y disciplina; la incorporación y formación de los miembros; el objeto de los vínculos sagrados. En ellas se deben armonizar los elementos espirituales y jurídicos, sin multiplicar las normas innecesariamente. Las aprueba la autoridad eclesiástica competente. En el caso de la Legión de Cristo, que es una congregación de derecho pontificio, la aprobación corresponde a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.




La conmovedora confesión de Giorgio, homosexual, en apoyo a los Centinelas contra el matrimonio gay

Los Sentinelle in Piedi [Centinelas de Pie] son un movimiento surgido en Italia para contrarrestar la dictadura del pensamiento único de la ideología de género, en defensa de la vida, la familia y la escuela. Se concentran en forma de Vigilias en numerosas ciudades del país, y protestan fundamentalmente en los últimos meses contra el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de menores por parte de parejas homosexuales. Sufren continuos insultos y, en más de una ocasión, agresiones, como ha denunciado Luigi Negri, obispo de Ferrara-Comacchio.

Recientemente el periódico Tempi recibió una carta-testimonio del joven Giorgio, quien, siendo homosexual, participó en una de las últimas Vigilias. Así explica él mismo sus dudas, primero, y sus certezas, después.


Carta de Giorgio, joven homosexual

Cuando llego la plaza está llena.

Las voces se oyen desde lejos. Gritos. Insultos.

Mientras me acerco y mi corazón empieza a latir percibo algunas palabras:

¡María, María, ya lo había entendido,

con un dedo

el orgasmo está asegurado!


Es la primera vez que oigo algo así. Y no puedo evitar preguntarme quién es María.

Me lo pregunto porque no quiero creer que estén hablando así de Aquella de la que nació el Hijo que amo.

Me lo pregunto, pero la verdad me duele demasiado.

Estoy en el semáforo. La plaza al otro lado. Veo la gente en fila, serena. Rodeada de una manada de perros rabiosos.

No, no perros. Hermanos. Y sin embargo, parecen perros.

¿Cuándo han dejado de mirarse como personas? ¿Cuándo han elegido renunciar a sí mismos en favor de la manada?

Dios sabe que estos hermanos laceran mi corazón.

Tengo miedo.

Aún puedo irme. Puedo darle la espalda a todo esto.

Refugiarme en mi anonimato y olvidar.

Sé que si atravieso este cruce, mi vida será distinta. Y lo que había antes, desaparecerá.

Y lo hago. Sin ni siquiera saber cómo, me encuentro en la otra parte, entre los manifestantes.

Me situo, abro la mochila, saco un libro y leo.

Las manos me tiemblan, siento el temblor de quien acaba de lanzarse al vacío.

Las voces en los megáfonos suenan aún fuertes.

La familia tradicional,

no es natural,

sino patriarcal.


Sonrío.

Sí, lo es.

Patriarcal.

La familia se encomienda a un padre y se apoya en una madre.

Esto es lo que estamos llamados a vivir, en esto debemos convertirnos: en padres y en madres.

Esto nos ha sido quitado.

No se trata de generar hijos o de no generarlos, de excitarse por una persona del propio o del otro sexo, ni de saber si el matrimonio será o no la propia vocación.

Se trata de alzar la mirada del propio dolor, dándole las gracias a Dios. Porque sólo acogiendo el propio dolor podemos reconocer el de los otros. Y ayudarlos.

Y es lo que hago. Alzo la mirada, veo el desfile que nos empuja gritando y me conmuevo.

Yo, homosexual, católico y enamorado de Dios.

Yo, con un Padre al que encomendarme y una Madre Iglesia que me ama.

Yo, que durante años no he sabido dónde estar, hoy estoy aquí, quieto, en medio de una plaza, luchando con la sola fuerza de mi presencia. Con mi miedo, que aún está aquí, dentro de mí, pero al que he decidido desde hace tiempo no darle más poder.

Mi cuerpo, utilizado muchas veces para hacer y para hacerme daño, para abusar de mí mismo, para pedir desesperadamente amor, hoy, por el solo hecho de estar de pie, dice más de cuanto haya dicho nunca.

Dice dónde estoy.

Yo estoy aquí y no estoy allí.

Y, lo que más me turba, es que yo estoy aquí también por quien está allí.

Este lugar, esta presencia física, es el signo de mi presencia en el mundo, es el modo en el que estamos llamados a convertirnos en hombres y en mujeres de mañana. Padres y madres. También por esos hijos que no entienden, que reniegan, que nos odian.

Que se odian.

Porque los hijos no se pueden elegir, sólo amar.

Así ama Dios.

Así puede amar el Hombre.

Y es precisamente esto lo que me siento ahora. Un Hombre.

Después de haber creído durante tanto tiempo que era mi orientación sexual la que me decía quién era, después de haberme definido durante años un homosexual, considerándome una víctima inocente de la vida, hoy, por primera vez, yo me siento un hombre, grato a esa misma vida, que creía que me rechazaba.

Hoy doy voz a mi verdad.

Soy un Centinela de Pie que mira a un mundo nuevo.

Soy sólo un hombre.

Y esta es mi historia.


Giorgio


Traducción de Helena Faccia Serrano.



Santos, difuntos y mártires

Los tres grupos de personas son celebrados en esta semana por la comunidad de los bautizados, la Iglesia. Todos los que lograron en su vida el acercamiento radical a la perfección de Dios, el día 1; todos los que han muerto y no lo lograron, el día 2; y el jueves 6, los centenares de mártires que, por confesar su fe, que les fue arrebatada la vida en nuestro país, hace nada, el siglo pasado. Está claro que a la Iglesia Madre que nos precede, nos acontece y nos sucede, no se le olvida celebrar la vida de sus hijos de dentro y de fuera, si es que se puede hablar así. Es claro que, en esta semana, celebramos la vida que nos hace existir y que se prolonga eternamente una vez cumplido el encargo de llevarla adelante por nuestra responsabilidad hasta la muerte natural.

Toda persona, pues, ha de ser celebrada en la vida de la Iglesia. Por eso, Joseph Cardijn, el cura belga que nombrara Pablo VI cardenal, sin ser obispo, cuando cumplió los 80 años, pudo decir con toda razón: «Un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo». Hoy a algunos les resulta llamativo que el papa Francisco diga lo mismo cuando afirma que no se puede construir la sociedad con un sistema social y económico que cuenta de antemano con millones de personas descartadas del concierto social. Los jóvenes aprendices de los años primeros del siglo pasado tenían unos trabajos indecentes que les robaban los años de escuela y de formación… Hoy, ¿cómo estamos? Entre cinco y seis de cada diez jóvenes en edad de trabajar no tienen ninguna posibilidad en este país.


Pongamos en nuestro sentir lo poco que vale hoy la vida humana. Unos hemos tenido suerte para nacer y vivir en buenas condiciones, y muchos, a la vez, no salen vivos del vientre de sus madres o mueren prematuramente de hambre o de violencia y guerra. Los católicos celebramos la vida de todos: de los que se acercaron a la plenitud del amor de Dios, como de los que andamos arrastrando los pies de la mediocridad y las felicidades que no duran eternamente; de los mártires que supieron entregar su vida con toda radicalidad, como los que cobardemente nos encerramos en nuestros intereses y no apostamos con todas nuestras fuerzas por hacer una sociedad mejor, apoyada en estos dos pilares que son la dignidad de la persona y la construcción del bien común.


Nuestra celebración de los santos, los difuntos y los mártires radica en Dios, los celebramos porque celebramos el amor de Dios en ellos y así nos acercamos al misterio de la humanidad de Jesucristo que nos ha abierto la plenitud de la Divinidad como la suprema realización de todo ser humano y de todos los integrantes de esta Humanidad de ayer, hoy y del futuro.


Así, nuestro compromiso por hacer una sociedad mejor para todos no es, como nos dice el Concilio Vaticano II, de simple posicionamiento de política de partido sino que nos lleva a desear una política que sea reflejo de esa humanidad redimida y renovada por Cristo Jesús. Os dejo con estas preciosas palabras del Concilio: «Y como la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, insistiendo en el ejemplo de los Concilios anteriores, se propone declarar con toda precisión a sus fieles y a todo el mundo su naturaleza y su misión universal. Las condiciones de estos tiempos añaden a este deber de la Iglesia una mayor urgencia, para que todos los hombres, unidos hoy más íntimamente con toda clase de relaciones sociales, técnicas y culturales, consigan también la plena unidad en Cristo» (Lumen gentium, 1).


Celebremos, pues, la vida de todos implicando la nuestra en la Vida.